Oposición política al neoliberalismo vasco

2016/11/07
Se trata de si la verdad todavía importa, de si interesan los hechos y de qué capacidad tenemos para discernirlos de las falsedades”. En un reciente artículo, Salvador Cardús añadía que “no hay combate por aclarar los hechos”. Así nos va. Quienes valoramos hechos (injusticias, desigualdad de género, pobreza, miseria laboral, muertes en accidente de trabajo…) observamos, más en estos últimos años, la banalización del debate político, un relativismo que impregna practicamente todo. Necesitamos combate ideológico, oposición al neoliberalismo para impedir que éste, codicioso y violento si llega el caso, dicte la política y las conductas que debemos seguir. George Steiner dice “el dinero nunca ha mandado tanto como ahora”. Pensamos que es verdad.

Europa sufre una ola política muy conservadora. La crisis de refugiados es otro exponente. En la Comisión Europea gobiernan juntos conservadores y socialdemócratas, e imponen políticas antisociales. Syriza capituló ante la Troika y no vemos una izquierda europea capaz de frenar a la derecha.

Rajoy gobierna en España y continuará aplicando recortes y reformas duras. Lo hará con Ciudadanos y, si lo necesita, al menos con el PSOE. En la CAPV gobernará el PNV y acordará, como hasta ahora, las cosas de comer con el PSE-EE y el PP (fiscalidad, presupuestos, recortes, TAV, uso del Concierto Económico, Kutxabank…). Así será, salvo que los partidos progresistas, renunciando a sus posiciones posibiliten otras sumas para aplicar políticas similares.

En Nafarroa, por su parte, el Gobierno del cambio presenta para 2017 unos presupuestos hijos de una fiscalidad injusta. El pago de la deuda y el cumplimiento del déficit deberían obligar a hacer una reforma fiscal profunda, justa, progresiva, que persiga el fraude... No es el caso. La que han hecho es irrelevante en términos de recaudación y no reduce el impresionante déficit de presión fiscal existente con la media europea. Podemos y EH Bildu, que la han apoyado, la ponen como modelo para España y la CAPV, respectivamente. Si es esa la alternativa fiscal de las fuerzas de progreso, serán del todo previsibles para el sistema y el cambio político y social será imposible.

En definitiva, el neoliberalismo está muy fuerte y teme poco a la oposición. Desde esa confortable posición ha decidido, en el ámbito vasco, dar un paso más y aplicar el manual de Margaret Thatcher para combatir al sindicalismo reivindicativo: Quieren “disciplina y paz social”.

Confebask intentó ilegalizar a ELA y LAB porque... hablábamos de “fiscalidad”, del “TAV” o porque no acudíamos a la mesa de diálogo social. El Gobierno de Urkullu, por su parte, elaboró en septiembre de 2014 un documento en el que defendía que el movimiento sindical debía compartir, bajo amenaza de sanción, las políticas del Gobierno. Pues bien, el Acuerdo firmado el 22 de Julio por el Gobierno, Confebask, CCOO y UGT se hizo para sancionar al sindicalismo reivindicativo. Gobierno y patronal se apoyan en sindicatos minoritarios necesitados de financiación pública y establecen que sea la patronal, y no los y las trabajadoras vascas, quien elija al interlocutor para negociar los convenios. Brutal. Escasez de escrúpulos y principios cuando el interés de clase hace que Gobierno y patronal compartan un modelo de sociedad sin sindicatos que fijen sus posiciones críticas con plena libertad.

Pero también han pasado más cosas. A ELA le llama la atención que un hecho tan grave como despreciar las elecciones sindicales para dar más poder a la patronal pase casi inadvertido para las fuerzas de la izquierda política. ¿No les importa?

EH Bildu ofrece acuerdos globales a un Gobierno que continuará imponiendo políticas neoliberales y que aplica el manual thatcherista contra el sindicalismo abertzale. Unidos-Podemos, interpelado por el Acuerdo del 22 de julio, se limitó a decir que el tema sindical es “complejo”... El Gobierno puede estar tranquilo; temas de esta importancia no están en el debate político.

¿Piensa la izquierda política vasca construir la alternativa al neoliberalismo sin el sindicalismo reivindicativo? ¿Y construir un proceso soberanista sin la clase trabajadora? ¿O ha concluido que, para alcanzar acuerdos con la derecha, las aspiraciones del sindicalismo son un estorbo? De nuevo, el juicio sobre hechos. Hechos graves sobre los que no hay pedagogía alguna, por falta de voluntad política. Todo esto sucede al mismo tiempo que el Gobierno Vasco y el PNV niegan al sindicalismo reivindicativo que podamos interpelar sobre las “cosas públicas”, con el peregrino argumento de que no nos presentamos a las elecciones políticas. Así son estos demócratas. A Confebask no le dicen lo mismo. Produce vértigo constatar el déficit democrático de nuestros gobernantes y desasosiego, la relativización de ese hecho por las fuerzas políticas de izquierda.

Quienes defienden los intereses del dinero no descansan y tienen eco en la clase dirigente de nuestro país. Marco Gardoqui, un economista ligado al mundo empresarial, hablando de fiscalidad escribía: “la mayoría de la gente que soporta los tipos impositivos más elevados (los ricos), preferiría pagar más por lo que usa, cuando lo hace, a que le obliguen a pagar más, con independencia de lo que use los servicios públicos”. Milton Friedman -los Chicago Boys- no lo dirían mejor. No quieren pagar impuestos; la solidaridad les repugna.

Y Markel Olano, Diputado General de Gipuzkoa, más allá de la propaganda, está de acuerdo. Justifica la impresionante caída en la recaudación del Impuesto de Sociedades diciendo que “no es el momento de pedir mucho más al impuesto ni a las empresas”. Le parece bien que sea un impuesto marginal. ¡Qué poca vergüenza! Él, y otros como él, han convertido ese impuesto en un coladero repleto de deducciones, exenciones y bonificaciones para que las empresas no paguen impuestos. El catedrático de Hacienda Ignacio Zubiri lo explicaba diciendo que las empresas vascas pagan menos impuestos que en el Estado: “entre poco y nada, y cuanto más grandes son, menos pagan”. ¿Quién demonios habla de esto en la política vasca, además de nosotros? ¿Alguien es capaz de explicar cómo se pueden hacer políticas sociales con la presión fiscal más baja de Europa para beneficio de las rentas altas, de capital y empresariales?

Nunca hemos afirmado que el camino alternativo sea fácil. Pero ese camino no se recorrerá si no hay voluntad, y no vemos voluntad, fuerza y proyecto político para hacer oposición al neoliberalismo vasco. Es importante constatarlo. La fase neoliberal que sufrimos pretende disolver proyectos políticos, sociales y sindicales transformadores. Eso también es un hecho que exige reflexión.