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Joseba Villarreal
Joseba Villarreal

La negociación colectiva: un problema de contenidos

2015/10/06
No decimos nada nuevo si afirmamos que la Negociación Colectiva tras la reforma de Rajoy no tiene nada que ver con la anterior etapa. Ya lo dijo Fátima Báñez cuando presentó la reforma laboral de febrero del 2012: “supone un antes y un después”.

La eliminación de la ultractividad, la prioridad aplicativa del convenio de empresa y las diferentes posibilidades de inaplicar lo acordado, son elementos que terminan de dar media vuelta de tuerca a la centralización de la Negociación Colectiva aprobada seis meses antes por el gobierno de José Luis Rodriguez Zapatero, por cierto con el voto a favor del PNV. Podemos concluir que si el objetivo de la reforma era abaratar los costes laborales y debilitar la defensa colectiva, están en ello. El avance de la precariedad es constante, en todos los sectores, empresas y centros de trabajo: salarios de miseria, subcontratación cada vez más generalizada y más barata, uso fraudulento de ETTs, empresas de servicios, contratos a tiempo parcial, contratos de formación, falsos autónomos, trabajo en negro....

Desde ELA, a diferencia de otras organizaciones sindicales, venimos advirtiendo que los convenios sectoriales provinciales ya no son contenido mínimo y por lo tanto no queda sino adecuarnos a la nueva época. Estamos obligados a que aquello que firmemos responda a las necesidades del sector. No podemos caer en la tentación de firmar convenios que no se cumplen y no supongan avances en transformar la realidad que vivimos o soportamos.

Hoy, a diferencia de lo que dicen algunos (CRL, Gobiernos, CCOO, UGT, Patronales.…), no tenemos un problema de cobertura de la Negociación Colectiva. Esa es la consecuencia. Tenemos un problema de contenidos y lo realmente difícil es conseguir convenios que respondan a las necesidades de la gente. Firmar convenios es fácil; lo complicado es firmar convenios que nos hagan avanzar y mejorar las condiciones de la gente. El resto es hacer trampa. Situar el foco del problema en la cantidad de convenios que firman unos y otros, sin prestar atención a lo que se firma, es despistar a la gente, es agarrar el rábano por las hojas. Hay que decirlo alto y claro que hoy es la patronal la que bloquea los convenios, la que no tiene necesidad de negociar y la que sector a sector trata de precarizar todavía más un mercado de trabajo ya tremendamente precario.

Tampoco se soluciona la situación de bloqueo planteando ocurrencias (Acuerdos marcos imposibles, Acuerdos Interprofesionales imposibles, mociones en empresas, entregas de plataformas en el CRL exigiéndole la implicación en el desbloqueo de la NC, confiar en el Consejero de Empleo como vía para avanzar en la Negociación Colectiva...).

Además no podemos olvidar la estrategia de la estatalización de la Negociación Colectiva impulsada por las diferentes patronales con la colaboración de CCOO y UGT que está haciendo que proliferen nuevas patronales que ven posibilidades de negocio. No hace falta decir que del Estado no nos va a venir nada bueno.

La Patronal gipuzkoana ADEGI pretende buscar la solución a sus problemas, derivados principalmente de su nula voluntad negociadora, y para ello teorizan sobre un nuevo modelo de cultura de empresa. Bajo la apariencia de participación y mucha palabrería, pretenden generalizar un modelo de empresa en el que sobra lo colectivo; en definitiva, un modelo en el que puedan seguir precarizando todavía más.

En ELA lo hemos dicho alto y claro desde el principio. Sin ningún tipo de duda, los convenios de empresa son la fórmula más segura para evitar la reforma laboral y garantizar la aplicación de lo pactado. Aún así, y en contra de lo que se pretende hacer creer, ELA ha firmado desde la aprobación de la reforma convenios sectoriales, hasta 17, sectores en los que la alternativa al Convenio Sectorial es todavía hoy difícil. En cualquier caso, todos los convenios firmados por ELA, salvo uno, recogen unos contenidos mínimos: no hay elementos regresivos, no se admite la congelación en los años pasados, incorporan referencias al IPC, contemplan la ampliación de la ultractividad y garantías de aplicación.

No nos queda otra que avanzar en la organización de sectores, empresas y centros de trabajo. Lo que no hagamos nosotros y nosotras no lo va a hacer nadie pues sólo la mejora de nuestra correlación de fuerzas nos va a posibilitar poder cambiar nuestro destino, diseñado y trabajado por las élites económicas y políticas. La organización de los y las trabajadoras en los centros de trabajo va a ser la única herramienta para atacar y atajar la precariedad. Sabemos que es un camino con enormes dificultades, que no tiene atajos, pero también sabemos que es el único camino. Seguimos esperando a quien quiera sumarse al mismo.