Tresna pertsonalak

Edukira salto egin | Salto egin nabigazioara

Xabi Anza
Xabi Anza

A vueltas con el Cupo

2015/10/08
A cuenta de la polémica en torno al concierto económico he realizado una pequeña investigación. Que me perdonen mis compañeros economistas. Espero no meter mucho la pata.

Resulta que el PIB per capita en España es de 22.780 euros en 2014. Pero el dato varía mucho de una comunidad autónoma a otra. Así, en Extremadura, la cantidad de riqueza anual por cabeza es de 15.752 euros, mientras que en la CAPV alcanza los 29.683, es decir casi el doble.

España es uno de los países con menor presión fiscal del conjunto de la OCDE. Esa presión es menor en Euskal Herria, aunque no mucho menor. En concreto, en el año 2013, del conjunto de la riqueza producida, el Estado recaudaba en forma de impuestos y cotizaciones un 32,6% de esa riqueza. En Euskal Herria algo menos, pero a los efectos, lo mismo.

En cualquier caso, es obvio que a una presión fiscal casi similar, la cantidad que se recauda en nuestra comunidad autónoma puede llegar ser el doble de lo que se recauda en, pongamos por ejemplo, Extremadura. Eso es lo que le permite decir, por ejemplo, al Gobierno Vasco, que dedicamos el doble de dinero a sanidad o a educación que en el resto del estado: porque es cierto. Con una política incluso más neoliberal (menor presión fiscal) pero en un país de mucha mayor riqueza, los recursos de que dispone el gobierno de Gasteiz son mucho mayores que el de otras comunidades autónomas que, además, no tienen autonomía fiscal. El gasto, pongamos, en sanidad por persona es mucho mayor, aunque la política sea igual o más de derechas que en el resto del estado.

Dicho eso, yo puedo llegar a entender que haya muchos españoles y españolas de bien, a los que no les guste la autonomía fiscal vasca. Y puedo entender que otros y otras muchas, respetando esa autonomía, discutan cuál debe ser la cantidad de euros del Cupo, es decir, la cantidad de ese pago que los vascos realizamos al estado anualmente por las competencias no transferidas a nuestro autogobierno. Lo entiendo perfectamente, y me parece muy legítimo que se quiera hacer ese debate.

Puestos a debatir, debatiría muchas más cosas: como el hecho palmario de que la fiscalidad vasca es una fiscalidad escandalosamente favorable a las rentas altas, del capital y de las empresas para castigo de clase trabajadora (la fiscalidad vasca no corrige, sino que agrava las desigualdades). No en vano esta misma semana nuestro lehendakari se ha desplazado a Alemania para decir a la compañía Mercedes, en resumen, que nuestro país es un paraíso fiscal para las empresas. De todo esto yo también querría discutir.

Pero lo que no entiendo, ni resulta legítimo, es la campaña de manipulación que, a cuenta del cupo, han puesto en marcha populares, socialistas y ciudadanos en el conjunto del estado. ¿Manipulación a cuenta de qué? Por lo menos a cuenta de dos cuestiones.

En primer lugar, manipulan a la opinión pública, porque quienes más vehementemente se están manifestando en contra de la autonomía fiscal, lo hacen apelando a un valor: la desigualdad. Y manda narices… que sean esos líderes políticos los que vienen imponiendo el guión de la Troika que no ha hecho sino exacerbar las desigualdades a golpe de reformas laborales, de pensiones, de negociación colectiva, y de recortes de prestaciones y servicios sociales. ¿Esos que claman ahora contra la autonomía fiscal vasca qué políticas de igualdad defienden en su país? Esta gente –que no se inmuta, es más, aplaude con las orejas el guión merkeliano que ha provocado el doloroso aumento de las desigualdades en España y en Euskal Herria– esa gente, digo, se pone en vísperas de las elecciones españolas a señalar al presunto vasco rico como si este fuese el culpable de todas sus desgracias. Es una auténtica pasada.

En segundo lugar, de lo que deberían hablar los españoles, 40 años después de la llamada transición, es de cómo es posible que las desigualdades interterritoriales sigan siendo tan enormes. He citado a Extremadura. Pero ahora voy a citar a Aragón. Nuestros compañeros de la Osta (sindicato de Aragón) dicen que más del 70% de los asalariados y asalariadas de todo Aragón, trabajan en la ciudad de Zaragoza. No sé si la cifra es exacta, pero no andará lejos. Esto es trasladable a muchas otras comunidades. Pues bien: ¿quién ha diseñado eso? ¿qué criterios de ordenación territorial y desarrollo industrial y rural se han seguido para que eso sea así? ¿y qué tenemos que ver los vascos y vascas en todo eso?

El PIB per capita de Hego Euskal Herria está en la media de la zona euro, es un poco inferior al francés, es superior al de Italia. Es cierto, somos un país más rico que España, y mucho más rico que algunas comunidades autónomas del estado. Se puede discutir de todo, evidentemente, como el pago del cupo. En 2014, la CAPV pagó a España –por seguir en España– alrededor de 1.500 millones de euros. Se puede discutir, por ejemplo, que en vez de 1.500 paguemos dos, cinco o diez veces más. Pero dicho eso, hay que explicar a la gente que 1.500 millones es mucho menos que el dinero público (25.000 millones) que se ha regalado a Bankia para que sus accionistas se sigan forrando. Que ni con 1.500 millones anuales, ni con 15.000, se pueden solucionar ninguno de los problemas estructurales de la economía española.

Hace 8 años la deuda española no llegaba a los 400.000 millones de euros. Ahora ya supera el billón, es decir, el millón de millones de euros: 1.000.000 millones; un 1 y doce ceros. Es decir, es más que el doble que hace 8 años. Esta evolución de la deuda sólo se explica por el rescate de una banca irresponsable y voraz a la que le importa un comino las desigualdades entre los ciudadanos y ciudadanas españoles. Se explica porque socialistas, populares y ciudadanos, unidos a convergentes y jeltzales, comparten que el guión de la austeridad contra las clases populares hay que llevarlo hasta el final: por eso les financia la banca y les perdonan créditos. Por eso pusieron el grito en el cielo cuando en Grecia parecía que se iban a aplicar otras políticas, no fuese a cundir el ejemplo. Por eso, no me digan que el problema, ahora también, somos los vascos y vascas.