“No sé dónde está el problema”

2017/10/10
Afirmaba el Lehendakari en relación con Cataluña, lamentando que no sean capaces de alcanzar un acuerdo. Los catalanes, da a entender Urkullu, no tienen sus habilidades para con Rajoy. A partir de ahí, el Lehendakari reparte responsabilidades por igual, como si tuvieran la misma quienes defienden el imperio de la ley española, que niega al pueblo catalán su capacidad de decisión, y quienes son reprimidos cuando tratan de superar ese veto.

Urkullu defiende lo que él llama la “agenda” vasca. ¿En qué consiste? Si hacemos caso al consejero-portavoz del propio Gobierno Vasco, Sr. Erkoreka, el Estado español ha convertido a la Comunidad Autónoma vasca en una sucursal del Estado para que aplique sus políticas. Lo dijo él mismo al presentar un documento que el Gobierno Vasco ha enviado a Madrid para reclamar -por enésima vez- el cumplimiento del Estatuto. La “agenda vasca” es, según Erkoreka, cada vez menos autogobierno al desnaturalizarlo por completo mediante leyes de bases y, según ELA, más políticas antisociales compartidas con el PP.

En Cataluña se han dado tres hechos relevantes que desde un punto de vista democrático deberíamos pasar a limpio: El primero, una sociedad organizada, movilizada, viva, que reclama ser parte activa en la definición de su futuro. Esto emociona. El segundo, unas instituciones democráticas que, ante el veto del Estado, han decidido con valentía política cumplir con la palabra que dieron a su pueblo: votar. Hay que aplaudir porque lo normal es lo contrario, que los programas se olviden nada más llegar al Gobierno. Y el tercero, la foto fija de un nacionalismo español reaccionario que contesta por sistema “no” a todo y que, además, reprime. Es la historia del nacionalismo español, que abarca por igual al PP y al PSOE. Es inaceptable que se equiparen las responsabilidades de unos y otros, máxime cuando en nuestro propio país tenemos la experiencia de cómo el Estado despreció la posición del Gobierno Vasco cuando presentó el Estatuto Político.

Volvamos al Lehendakari. Ha dicho que “pase lo que pase” en Cataluña mantendrá la agenda vasca que busca acuerdos con el PP. Hace unos meses el PNV defendía que la corrupción del PP “no le inhabilita” para hacer política. Ahora, a esa corrupción hay que sumarle la represión contra un pueblo hermano. ¡Un pueblo hermano! Nos parece que esos dos hechos deberían condicionar de raíz la política de alianzas, negando cualquier apoyo al PP.

La “agenda vasca” de la bilateralidad solo funciona si reivindicaciones como el Estatuto Político se meten en el cajón, si se renuncia a la posición política. Hoy la “agenda vasca” prioriza la aplicación compartida de políticas antisociales. Es la esencia de los acuerdo si se les pasa el algodón. Ahora, por ejemplo, vienen los “retoques” fiscales para bajar los impuestos a las empresas. ELA advirtió que existía mucho riesgo de que volvieran a ganar las tesis empresariales. Trump, Macron y Rementería (que dice que todos en el PNV piensan como él) defienden que que bajar los impuestos a los empresarios es bueno para el empleo y para todos los ciudadanos. Nos tratan como si fuéramos tontos: que no paguen los ricos es bueno para los pobres. Como es evidente que ignorantes no son y que lo que defienden es falso, ya va siendo hora de que todos concluyamos que actúan como representantes de intereses empresariales. Esa “agenda” sí forma parte de la bilateralidad.

Es cierto, la vía catalana y la vasca no son iguales. A la vasca le falta voluntad política institucional para concluir que la confrontación democrática es imprescindible, y también nos falta una sociedad organizada que interpele a esas instituciones (a las vascas). Madrid, como se ve en Cataluña, cuando aparecen posiciones políticas dignas, reacciona tal como es: más cerca de la Falange que de un Estado democrático. Nosotros y nosotras sí sabemos dónde está el problema, Lehendakari.