Necesitamos una izquierda que ejerza

Dec 19, 2019
Hace unas semanas preguntaban a un dirigente vasco de la patronal por su opinión sobre la conformación de un gobierno en el Estado entre PSOE y Unidas Podemos. Respondía así: “la historia reciente está llena de reformas de todo tipo llevadas por partidos de izquierdas que, en ocasiones, han respondido a los deseos e intereses de los empresarios”. Por desgracia no le falta razón. La carrera de renuncias y reformas antisociales del partido que lidera Pedro Sánchez no es precisamente corta, de ahí que, incluso ante la posible conformación de un gobierno de coalición con un partido situado a la izquierda del PSOE, la patronal ni siquiera se inquiete. No es buena señal, desde luego.

El debate presupuestario en la CAV y la obligación de conseguir los escaños suficientes por parte de los dos partidos de Gobierno –PNV y PSE– para garantizar su aprobación ha situado este debate como uno de los principales de la agenda política. El acuerdo entre PNV-PSE y Podemos-Equo es sobre todo un triunfo para los partidos del Gobierno y un espaldarazo a sus políticas neoliberales. Los argumentos contrarios al acuerdo que Elkarrekin-Podemos utilizó el  año pasado en el debate presupuestario, cuando EH Bildu era la formación más dispuesta a facilitar este tipo de presupuestos, son perfectamente válidos este año.

El acuerdo suscrito no supone cambio alguno en la orientación neoliberal de estos presupuestos. Son los mismos; solo se ha modificado el 0,75% del presupuesto (88,9 millones de un presupuesto de 11.774 millones). Es decir, tan solo un diminuto cambio de partidas dentro de lo ya aprobado por el Gobierno.

Podemos-Equo afirmó afrontar el debate presupuestario sin líneas rojas; por desgracia, tenían razón. Han aceptado acríticamente la medida ideológica por excelencia de la política de austeridad, la regla de gasto, que impide destinar más recursos a sanidad, educación, dependencia, vivienda... porque la llamada política de austeridad no es otra cosa que eso, dar prioridad a la amortización de deuda. Por si fuera poco, a pesar de las necesidades sociales existentes, el gobierno de Urkullu nos dice que sobra dinero; la recaudación está aumentando (800 millones de superávit en los dos últimos años). Sin embargo, las partidas presupuestarias no se mueven.

Todo esto, en un contexto de aumento de la pobreza y, a su vez, de crecimiento económico. Sin tocar el debate fiscal (la presión fiscal de la CAV está en el 32,5% y la media europea en el 39 %; si se equiparase la presión fiscal media se recaudarían aquí 4.800 millones más ) y en medio de un debate donde se pretende eliminar el impuesto de patrimonio, algo que Podemos-Equo ha decido ignorar.

No escondemos nuestra decepción porque estos presupuestos ni son verdes, ni morados ni sociales. Es dramático que la izquierda institucional sea asimilada; que desaparezcan la oposición y el antagonismo político no es una buena noticia. Hacen flaco favor a las fuerzas sindicales y sociales que defendemos la transformación radical de las políticas presupuestarias y fiscales.

Vamos a seguir hablando de estos presupuestos más allá de su firma, porque mandan un mensaje muy claro y directo a todos aquellos sectores afectados directamente por sus políticas: “¡No estamos dispuestos a cambiar nada!”. Detrás de cada conflicto o movilización vamos a tener muy presente que está la sombra de estos presupuestos.

El poder político, en este caso el Gobierno Vasco, auténtico beneficiado del acuerdo, concede como contrapartida una mayor visibilidad mediática y algo de centralidad política a aquel que transige, a aquellos que se portan bien.

Se subrayan valores como la transversalidad, el consenso y la responsabilidad, e incluso la capacidad de influencia (aunque solo se modifique el 0,75% del presupuesto). Un partido de izquierda no crece acercándose a la derecha.

En Navarra, aunque el debate presupuestario está por cerrar, nos preocupa el alcance del reciente acuerdo fiscal entre el Gobierno de Chivite y EH Bildu.

Es una mala noticia: el Gobierno de Navarra (que, al igual que Urkullu, ya ha adelantado su intención de profundizar en las políticas de austeridad y recortes)  ha conseguido lo que quería, y sin oposición. El PSN y Geroa Bai querían eliminar el Impuesto al Patrimonio Empresarial y lo van a conseguir con el apoyo de Navarra Suma. EH Bildu, por su parte, apoya el resto de medidas fiscales pero sin condicionar la anterior, entrando en este juego negociador (con el resultado de bajar impuestos al que más tiene), y vendiendo su apoyo a un precio muy barato. Tan barato que permite a la derecha lograr sus objetivos (los mismos que la CEN, la patronal navarra, fijó hace unos meses).

Lo que hay que esperar de un partido de izquierdas no es que aparque los temas conflictivos; lo que hay que esperar es que los dispute, que trabaje alternativas, que haga oposición.

En definitiva, la irrelevancia, incluso la desaparición de proyectos de izquierda en Europa (mientras crecen los partidos de ultraderecha) es una lección que convendría no olvidar. La izquierda tiene que buscar el antagonismo, ser fácilmente identificable como alternativa, disputar el poder.

La izquierda debe tener un discurso radical, pragmático y cercano a los problemas de la gente, referencias políticas que hablen de sus problemas en una sociedad, como la vasca, cada vez más desigual.

Necesitamos izquierda política, izquierda que ejerza. Contar siempre la verdad, por difícil que esta sea y sobre todo, no confundir a la gente, porque no todo debe parecer lo mismo.