Periodismo de paz

Ane Irazabal Elkorobarrutia (Arrasate, 1984)

Vivimos en un mundo donde el capital circula libremente, no así las personas; donde somos capaces de levantar un muro que divide un pueblo; donde ponemos barreras a quienes huyen de guerras creadas por nosotros mismos. Y aun así, al otro lado del muro aún hay alguien dispuesto a abrir las puertas de su casa y recibir con los brazos abiertos a quien quiera escuchar; quien aún mantiene intacta la valentía para contar su historia, sin recibir nada a cambio, con la única esperanza de que alguien escuche y cuente su historia al mundo. Solo eso; nada mas. No es poco.

Bien lo sabe Ane Irazabal Elkorobarrutia (Arrasate, Gipuzkoa, 1984); la corresponsal internacional especializada en Oriente Próximo que recorrió durante años el check-point que divide Palestina para entrevistar a los y las refugiadas de 1948; la corresponsal que retransmitió la desilusión tras la fallida primavera árabe de Egipto; quien tuvo la oportunidad de conocer a mujeres egipcias que, a pesar de no reconocerse feministas, practican cada día luchas feministas dotando de significado el término sororidad; quien tras haber sido el altavoz de las personas refugiadas, alerta de que estamos perdiendo a toda una generación.

Comenzó su andadura como corresponsal internacional hace ya ocho años, pero no deja de sorprenderle la capacidad del ser humano de infligir dolor. No por ello pierde la esperanza. Ha aprendido que la resistencia es, muchas veces, simplemente seguir viviendo; agarrarse a la vida, algo tan simple, tan complicado. Sin embargo, de eso no se hacen eco los medios de comunicación, apostilla. Hace falta periodismo de paz, asegura, no solo de guerra. “¿Por qué siempre contamos las malas noticias? ¿Por qué no contamos cómo es el día a día de una persona que ha logrado huir de la guerra y cómo supera las resistencias cada día?”. Echa en falta lo que ella llama periodismo slow, un modelo que ahonde en las vidas de los y las protagonistas que hay detrás de cada noticia, que contextualize y ayude a entender la complejidad de cada conflicto. Tiene claro que en una sociedad donde impera lo macro, la historia de una sola persona puede ser el reflejo de la resistencia de todo un colectivo. “Lo micro es muy macro”, asevera con pasión. No por ello reniega del formato Breaking News (última hora), también necesario y de cuya adrenalina se confiesa adicta, placeres del oficio, por qué elegir.

Llegó a Barcelona en 2002 con el claro propósito de estudiar Ciencias Políticas. A su llegada la esperaba el efervescente movimiento de política exterior que impregnaba las calles: movimiento estudiantil, manifestaciones masivas en contra de la invasión de Irak... Transcurrido un año volvió a Vitoria-Gasteiz, donde comenzó sus estudios de Historia (2003-2007), momento en que surgió su interés por el conflicto entre Palestina e Israel. Después cursó los estudios de Comunicación Audiovisual (2006-2010). Con 26 años y la mochila al hombro, puso rumbo a Palestina, donde empezó a trabajar como corresponsal. Hoy, casi 10 años después, si pudiera elegir un titular que copase los medios, ese sería aquel que anunciase un acuerdo digno para el pueblo de Palestina. “Se lo merecen”, afirma tajante. Pero añade: “realmente hay tantos conflictos que merecen una solución... “

Así es. Hay tantos conflictos como periodistas y formas de contarlos. En un oficio en el que se ensalza, cada vez más, la firma del emisario por encima del mensaje, afirma con humildad que ella no es más que un puente, un nexo. Prefiere las pequeñas historias, esas que hablan de personas y vidas que son muy grandes. Al menos la suya quedará impresa en estas líneas; su historia, que es, al mismo tiempo, la de mucha gente. No olvidemos que lo micro es muy macro.