Y todo esto... ¿quién lo paga?

Una investigación periodística publicada en 2016, basada en datos del Tribunal de Cuentas español, reveló que cuatro entidades bancarias (Santander, La Caixa, BBVA y Banco Popular) acaparaban el 74% de toda la deuda que los partidos políticos tenían con la banca (en total, unos 206 millones de euros). Y la quinta entidad era Kutxabank (con 14 millones), acreedora del 61% de los 20 millones de euros que el PNV adeudaba entonces a los bancos. Al partido jeltzale solo le superaban como deudores el PSOE-PSC (90 millones) y el PP (47,5 millones).

Queda claro, en el caso de estos partidos políticos, “quién paga todo esto”, es decir, quién costea buena parte de su actividad política y de sus gastos de funcionamiento: los bancos. La cosa no termina ahí. El informe Greco, órgano oficial del Consejo de Europa, ha constatado repetidamente que los bancos condonan muchas de estas deudas millonarias. Cualquiera sabe que si un banco no cobra en metálico… acabará cobrando la hipoteca de otra forma.
¿Y qué tienen muchos partidos políticos a mano para devolver esos créditos impagados? Su capacidad legislativa, el poder político que un banco –todavía– no tiene, pero que de una manera u otra acaba comprando. Y lo dice el Consejo de Europa.

¿Por qué sucede esto? Porque la independencia política solo es una declaración sin efectos prácticos si no está respaldada por la independencia económica. Nadie da nada a cambio de nada. Y menos los bancos, y menos aún a los partidos políticos, que no tienen recursos propios para defender su propia autonomía.

El mismo patrón funciona para el resto de colectivos: ONG, todo tipo de asociaciones… y sindicatos.
En general, hablamos de las cosas que nos preocupan, y si un sindicato no habla de la afiliación como fuente principal de su presupuesto, significa que ese tema le preocupa poco porque lo tiene cubierto por otro lado. En otras palabras, quien no habla de afiliación, tendrá que hablar de subvención, aunque no lo haga públicamente.

La afiliación, base de todo

En el caso de ELA, más del 93% de su presupuesto anual procede de las cuotas de las más de 100.000 personas afiliadas, tal y como periódicamente se comprueba en las auditorías públicas a las que se somete el sindicato (algo que nadie más realiza). En toda organización, el porcentaje de recursos propios indica el grado de su independencia.

Si lo anterior no parece lo suficientemente claro, siempre podemos recordar aquella frase que el escritor catalán Josep Pla (considerado un entrañable payés agudo y sagaz) pronunció cuando llegó a Nueva York en los años 50, deslumbrado por el neón y las luces de Broadway: “¿Y todo esto quién lo paga?” La respuesta a esa pregunta, básica y primordial, suele ser la clave de casi todo.