Guardianas de una memoria no escrita

Erreportajea Texto: Leire Regadas Fotos: Ainhoa Resano -- Foku
La fotógrafa Ainhoa Resano (Iruñea, 1974) se adentra en sus vivencias y silencios mediante el proyecto “ELLAS”; durante cinco años cientos de mujeres le han abierto las puertas de sus casas para contar su historia con los álbumes en mano.

Esta es una historia que nace de un silencio familiar. La bisabuela de la fotógrafa Ainhoa Resano (Iruñea, 1974) vivió y murió en la casa Gorria en Lakabe, Navarra. Rebuscando en su pasado no encontró ninguna foto de ella, lo cual originaba muchas preguntas y pocas respuestas. De este querer y no poder, de esta ineludible frustración, Resano comprendió que “tal y como se heredan las historias también se heredan los silencios, y que éstos atraviesan a toda una generación de mujeres”. Ella no lo sabía, pero ese pensamiento se convertiría en el germen de un gran proyecto.

En 2016 desahuciaron todo el edificio que había habitado durante 17 años en el Casco Viejo de Bilbao, “un acto especulativo sin corazón que parecía querer borrar de golpe, impunemente, la historia de vida de tres generaciones”, relata. Puri y Carmen eran las vecinas de enfrente, con las que mantenía una estrecha relación. Una camisera, la otra telefonista, de las primeras de Bilbao. Tras el desahucio, trasladaron a Puri a una residencia y como si le fuera la vida en ello le pidió que, ante todo, rescatara su álbum familiar. Fue entonces cuando comprendió el potencial de las fotografías domésticas y los relatos de vida como forma de resistencia ante el olvido.

Escuchando a Puri, indagando en los detalles de su vida de la mano de las fotografías, cada vez estaba más convencida de que si una hablaba, hablarían todas. Tras el desahucio, se instala en el barrio de San Francisco y allí nace el Proyecto ELLAS.  “Es una búsqueda y también un encuentro con las últimas mujeres que custodian álbumes familiares y guardan una memoria de una generación muy concreta, que no está insertada en la historia, que se ha quedado en lo íntimo, en lo doméstico”, explica Resano. Un proyecto que se gesta en los barrios de Bilbao la Vieja, San Francisco y Zabala, marcados por el estigma y muy ficcionados en el imaginario colectivo de la ciudad.

En el principio de este viaje le acompaña la antropóloga Sabina Lafita –en aquel entonces camarera del bar de abajo–. Consiguieron que una fotógrafa alemana se enamorara de lo que tenían entre manos y les cedió el mítico local donde se situaba la tienda Artículos de Higiene de la calle Cortes. Para las y los vecinos era fácil localizar el proyecto y, sin esperarlo, éste echó a andar a una velocidad inimaginable.

“Las monjas de clausura, las putas, las gitanas, las militantes históricas de la izquierda abertzale, las niñas de la guerra”…les abrieron las puertas de sus casas y sus álbumes de fotos, deseando contar su historia anónima, reconstruyendo su memoria silenciada. “De una a otra, de otra a una, fueron apareciendo más mujeres, más álbumes… a veces digo que parece como que se apretó un botón y eso era como imparable”. El resultado tras más de cinco años: más de 100 mujeres de entre 60 y 99 años y más de 5.000 fotografías recolectadas, que dieron pie a la exposición Atlas de la memoria y a un fotolibro único que Resano lucha por reeditar.

Memoria colectiva

A través de un QR se escuchan testimonios que “se cruzan, dialogan y reconstruyen los recuerdos íntimos y personales que al unirlos en una conversación coral, nace un nuevo testimonio grupal, un relato inédito” explica la autora. Un libro km0 que agotó sus 250 ejemplares en el mismo día de su presentación, pero que aún se puede disfrutar en bibliotecas municipales como en Bidebarrieta y varios bares del barrio como en el Almodobar en Cortes. Fue una decisión que tomó “como acto de militancia”. Una manera de mantener viva la memoria del barrio en el mismo. Cada vez que alguien abre el fotolibro, dice, “se crea una nueva reunión a través de una memoria colectiva”.

Las fotografías también saltaron al espacio público allá por 2020. Para Resano “era vital hacer visible aquello que no existe en la memoria común, ponerlo en valor, arrojarlo a las calles y dinamitar los clichés ordenados por otros, subvertir las narrativas dominantes y ofrecer la posibilidad de nuevos relatos”. Las persianas de locales vacíos de un barrio que sufre la especulación se vistieron con imágenes de mujeres a gran escala y sus relatos (con códigos QR) hablaban de sus vidas, acompañando a las personas que transitaban por aquellas calles vacías en plena pandemia.

Mujeres anónimas en el espacio público

“Pensaba que esas fotografías en las calles las iban a tratar un poco como a nosotras, tenía asumido que bajaría al día siguiente con la cámara e iba a hacer una foto para constatar que es eso lo que ocurre con las mujeres en la calle; bueno, pues no las han tocado”, dice aún sorprendida por cómo se han respetado. Era la primera vez que las imágenes de esas mujeres anónimas ocupaban un lugar en sus calles,  un “acto político” y un momento “muy bonito para ellas, un lugar de orgullo”. Cuenta que Juli suele ver desde su casa a turistas hacer fotos de su persiana, “mira, mira, ¡que está haciendo una foto de mi foto!” riendo a carcajadas. Que a Merche le llamaron amores de juventud al recordar tiempos pasados. Que Tamara se hacía fotos con su hija delante de la tatarabuela, la bisabuela, la abuela y la madre, en la misma calle donde habían transcurrido sus vidas. Que Unai se cayó del monopatín y se rompió un hombro mientras se acercaba a toda velocidad a las tres generaciones de mujeres que le habían dado la vida. Que Sara lloró cuando vio desde la residencia a su hijo posar con orgullo en la fotografía de familia diversa que había construido y que pusieron en la plaza. Y que algunas nombran a las que no aparecen en las fotos y otras recuerdan a las que sí pero ya no están.

De las persianas, el tiempo ha ido borrando su recuerdo pero, ahora, retratos de mujeres también se despliegan en el centro de Bilbao, en el Muelle Marzana, junto al puente de la Ribera. En el otro margen de la ría, códigos QR lanzan sus relatos en primera persona. Es una exposición dentro del Festival BLV-Art 2023, iniciativa del Ayuntamiento de Bilbao que ha permitido que “salgan del barrio para hablar a la ciudad. Iban a estar tres meses y llevan ya un año,  creo que el Ayuntamiento no ha escuchado los audios” (ríe Resano, irónica). 

Vivieron mucho, contaron poco

El proyecto sigue creciendo y al igual que en los barrios altos de Bilbao, se recuperó la historia de varias mujeres de los barrios Uretamendi y Betolaza, donde también ocupan el espacio público. Barrios que albergan estigmas diferentes como “la inmigración, el chabolismo, la lucha de un barrio por permanecer en ese territorio, la relación con sus pueblos de origen, y en muchos otros aspectos es una historia común”. La última parada de Resano es Aranguren, donde trata de reconstruir la memoria de las mujeres que trabajaron o han estado vinculadas a antigua fábrica de celulosa de La Guata.

Mientras tanto, lanza una invitación para crear una red y poder expandir el proyecto “a cada barrio, a cada pueblo”, para visibilizar la memoria de esta generación de mujeres que “vivieron mucho y contaron poco”, y puedan continuar hablando ellas, las protagonistas de sus propias vidas.

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Zer gertatzen da emakumeek argazki albumak zabaltzen dituztenean horiek kontatzeko? Eta argazki horiek erakusten direnean espazio publikoan? ELLAS proiektua bi galdera horietatik tiraka sortu zen duela sei urte, eta, honezkero, erantzun ugari aurkitu ditu. Ainhoa Resano argazkilariak (Iruñea, 1974) Bilboko auzoetako emakumeen historia biltzen jarraitzen du familia-albumek lagunduta, lehen pertsonan kontatutako istorioak abiapuntu izanda. Egunerokotik abiatuta, “asko bizi izan duten eta gutxi kontatu duten” emakumeen belaunaldiaz hausnartzeko gonbita egiten du. Umiltasunetik eraikitako proiektu parte-hartzailea, auzo proiektu autogestionatua, politikoa eta kulturala. Anonimoak izan direnei ahotsa emateko modu bat, omenaldi gisa.