Y al sargento lo tiraron al pilón

Esta primavera se estrenará “Dos años, cuatro meses y un día”, el documental sobre la insumisión dirigido por Lander Garro que recoge la historia de una cuadrilla de amigos “radicales, abertzales y de izquierda” que eligieron la abolición del servicio militar como causa política a la que dedicar su juventud.

El 20 de febrero de 1989, diez jóvenes navarros (en total hubo 57 en todo el Estado) rompieron públicamente su carta de alistamiento frente al Gobierno Militar de Iruña. Cinco de ellos, además, eran de la misma cuadrilla: Aitor Balbás, Ricardo Erbiti, Rubén Martzilla, Mikel Huarte y Juan Kruz Lakasta. Todos renunciaban a las prórrogas de estudios (rondaban los 18 años) y a solicitar la prestación social sustitutoria (el periodo de supuesto servicio a la comunidad adonde se destinaba a los objetores de conciencia, figura legal desde finales de 1984).
“Éramos de izquierda y abertzales, pero no compartíamos la estrategia de ETA; estábamos muy politizados -recuerda Lakasta-, y necesitábamos algo para dar cauce a nuestra radicalidad. Y elegimos la insumisión”. Eran, literalmente, cuatro gatos, pero en sólo una década lograron su objetivo: el Servicio Militar Obligatorio desapareció legalmente en 2001, lo que supuso una enorme victoria de la movilización popular y del antimilitarismo, frente al Ejército y los gobiernos del PSOE y el PP. ¿Qué queda de todo aquello en la memoria y qué conoce de aquella historia la juventud vasca de hoy?
Para responder a ello y para rememorar un triunfo que entonces no se celebró como merecía, aquel grupo de insumisos navarros va a estrenar esta primavera un documental titulado ‘Dos años, cuatro meses y un día’, bajo la dirección de Lander Garro y con el impulso de otro profesional de la pantalla que también fue protagonista entonces: Gaizka Aranguren, insumiso.

“Ezkertiarrak eta abertzaleak ginen, baina ez gentozen bat ETAren estrategiarekin; oso politizatuta geunden -dio Lakastak-, eta gure erradikaltasun maila hori asetzeko zerbaiten beharra geneukan. Intsumisioa hautatu genuen”.


Aquellos insumisos que rompieron la carta fueron pioneros, pero no salieron de la nada. Desde la lucha heroica de Pepe Beunza en las cárceles franquistas (1971), hasta el movimiento pro-objeción de conciencia de finales de los 70 y los 80 (perfectamente relatado por Periko Oliver), hubo todo un hilo conductor y una semilla desobediente y antimilitarista que germinó en la década de los 90 para acabar de tumbar el monstruo. Y el documental de Lander Garro (también insumiso) lo va a contar:
“Es un documental muy insumiso, alejado de la solemnidad. Los protagonistas son seis (los citados Lakasta y Aranguren, además de otros navarros como Jaxinto Gómez, Fernando Mendiola, Iñigo Balbás y Antonio de la Cuesta, Toñín, cantante de los Huajolotes y luego transformado en el célebre Tonino Carotone), y he tratado de que cuenten su historia, desde el día a día, de forma muy personal. Son personas muy distintas, por trayectoria política, ideología, carácter, etcétera, pero compartieron el antimilitarismo y la insumisión. Por eso hemos rodado en Sanfermines y en sus trabajos habituales, sus casas...”.
Otro elemento que les unió fue la cárcel. La de Iruña, concretamente. El viejo caserón de la calle San Roque ya no existe, pero ellos tuvieron la ocasión de entrar por última vez en 2012, horas antes de su derribo, para visitar sus celdas, recordar vivencias y grabar unas imágenes que han sido el germen del documental. “Para mí -reconoce Garro-, que no conocí aquella cárcel por dentro, esas imágenes grabadas no me decían nada, hasta que vi las reacciones de aquellos insumisos: la emoción, el brillo de sus ojos y con qué sinceridad se abrazaban al reconocer sus celdas. Ahí quedaron meses de sus vidas, de su juventud y de su crecimiento personal y político. Ahí estaba el arranque de la historia”.

Nafarroa Estatuaren errepresioaren laborategia zen, baina baita desobedientzia baketsuaren aldeko borroka hasi zen tokia ere. “Frankismoaren amaierako langile borroketatik abiatzen zen – azpimarratzen du Lakastak-, ideologikoki oso transbertsala, baina argi izanda nor zen aurkari politikoa”.


La cárcel, en realidad, fue el último paso. Desde la acción de romper las cartas de alistamiento pasó algún tiempo hasta que aquella cuadrilla de jóvenes navarros pisó la cárcel, y en ese intervalo se multiplicaron los insumisos, los juicios, el apoyo popular. El Gobierno de Felipe González endureció el Código Penal (1991), prolongando de un año a 2 años, 4 meses y 1 día (título del documental) la pena de cárcel por insumisión. “Frente a ello -recuerdan Lakasta y Jaxinto Gómez, entre otros- emprendimos la estrategia de llenar las cárceles, de visualizar el conflicto. Tras el juicio, llamábamos a la puerta de la cárcel para que nos metieran”.
Ante ello, el PSOE decidió evitar esa imagen de cárceles llenas de jóvenes pacíficos, pero desobedientes, y les empezó a aplicar el tercer grado (1993): solo deberían ir a la cárcel a dormir los días de entre semana. “Nos dimos cuenta de que era un parche para aliviar la presión del Gobierno, y decidimos plantarnos y autoinculparnos, para que nos devolvieran al segundo grado”. Era diciembre de 1993. En aquel primer plante, hubo 35 navarros, cuatro vizcaínos y seis jóvenes del resto del Estado. Llegó a haber más de cien insumisos presos en la cárcel de Iruña. Navarra era el laboratorio de la represión del Estado, pero también el vivero donde había fermentado la lucha desobediente y no violenta, desde “las luchas obreras del final del franquismo -subraya Lakasta-, y con un tejido muy transversal en lo ideológico, pero con la clara conciencia de lo que era el antagonismo político. Eso siempre ha sido más fuerte en Navarra”.
“La mili ha sido algo muy presente en todas las familias -subraya Aranguren-, de todas las ideologías y clases. Se te llevan a un hijo… Eso, de por sí, ya es muy transversal (quizá no tanto el antimilitarismo) pero, además, el movimiento insumiso demostró que la desobediencia civil no violenta es una herramienta útil. Se puede ganar. Eso es lo que queremos reflejar en el documental”.

“Kartzelak betetzearen aldeko apustua egin genuen, gatazka ikusarazteko asmoz. Epaiketaren ostean, kartzelan ate joka aritzen ginen espetxeratuak izateko”.


Evidentemente, aquella fue una lucha con una imagen masculina, porque fueron hombres los que sufrieron la mayor represión, pero las mujeres estuvieron muy presentes en aquellas movilizaciones, con un papel propio y no como meras acompañantes. “En el documental entrevistamos a mujeres como Mabel Cañada, de la comuna de Lakabe, cuyas reflexiones sobre el antimilitarismo son inapelables. Y también a Kontxita Salinas, madre de un insumiso, que comunica una inteligencia natural, un sentido común y un pensamiento político llano y directo que es invencible”, revela Lander Garro.
A mediados de 1994, la situación era insostenible para el Estado, pero la bestia aún lanzó un penúltimo zarpazo. El 8 de septiembre, dispersó a ocho insumisos navarros en cárceles del resto del Estado, entre ellos a Mikel Huarte, enviado a Teruel, y a Toñín. Al año siguiente, un nuevo Código Penal inhabilitaba a los insumisos para ser empleados públicos o acceder a ayudas del Estado (VPO, etcétera).
La contestación social creció de forma exponencial frente a aquellos atropellos, y al poco tiempo Belloch anunció la futura despenalización de la insumisión. La fortaleza del Estado se desmoronaba: en 1997, en Navarra había más objetores que reclutas, y se presentó la iniciativa Insumisión Rosa del colectivo EHGAM contra la homofobia en los ejércitos.
Por fin, el nuevo Gobierno de Aznar anunció el fin del servicio militar obligatorio, lo que de facto sucedió en 2001. “Para rematar -recuerda Juan Kruz Lakasta, por entonces periodista de Egunkaria- aún tuve que escucharle a Jaime Ignacio del Burgo (diputado navarro del PP) decir en una rueda de prensa que ¡la mili se había abolido gracias al PP!”.

Borroka hura oso maskulinoa izan zen, noski, gizonek pairatu zutelako errepresiorik gogorrena, baina emakumeak oso presente izan ziren mobilizazio horietan, rol propioa izan zuten, ez ziren laguntzaile hutsak.


Hoy, casi 20 años después, “quedan muchas preguntas que este documental puede ayudar a responder -concluye Lander Garro-: en aquel empeño, comprometiéndose hasta las últimas consecuencias, aquellos insumisos hipotecaron su juventud y quizá su futuro.
¿Hoy el mundo es más justo gracias a aquella lucha?”. No hace falta ver el documental para responder. Sin la insumisión, hoy el mundo sería, como mínimo, un poquito peor. Pero mejor si lo vemos.

“Soldaduska oso presente egon da familia guztietan, ideologia eta klase guztietan. Seme bat eramaten dizute… Hori, berez, oso transbertsala da (agian ez hainbeste antimilitarismoa), baina, gainera, mugimendu intsumisoak erakutsi zuen indarkeriarik gabeko desobedientzia zibila tresna baliagarria dela. Irabaz daiteke. Hori da dokumentalean islatu nahi duguna”.