José Elorrieta: "No hay soberania sin confrontación"

2005/09/20

El Comité Nacional de ELA presentó el martes 13 un documento en el que recoge la reflexión política de los últimos meses. Esta reflexión se plantea "desde la autonomía y voluntad de aportar en una coyuntura en la que están abiertos los debates de pacificación y resolución del conflicto político". El Secretario General de ELA José Elorrieta analiza las claves de este documento.

Decís que el documento recoge la reflexión política de ELA en los últimos meses.

Antes del verano pusimos en marcha un plan de trabajo con alrededor de dos mil cuadros del sindicato para hacer el análisis de coyuntura política. A medida que se iba desarrollando el debate fuimos elaborando distintos documentos de trabajo, que han confluido en documento que hemos presentado. El que hemos presentado es una síntesis de la reflexión desarrollada, y pretende sobre todo servir de orientación para el pensamiento y la acción de nuestra militancia, aunque sirva también para dar a conocer a la opinión pública lo que pensamos. No hay que olvidar que es un análisis de coyuntura, abierto por tanto a modificaciones, matizaciones o correcciones, en función de que la evolución de la realidad y de nuestra propia reflexión.

¿Cómo ve ELA el momento político?

Constatamos algo que es general y público: ETA y el gobierno español han explicitado su disposición a negociar la desmilitarización del llamado conflicto vasco, y, además, han tomado algunas iniciativas al respecto. Por ejemplo, la iniciativa de ETA de no atentar contra cargos electos o el acuerdo de las Cortes de Madrid que ampararía unas posibles negociaciones. También el discurso de investidura del Lehendakari Ibarretxe apuntan en esta dirección. Cabe pensar que pueda estar arrancando un proceso que posibilite un acuerdo en este tema. Es un proceso complejo, que requiere discreción, que va a tener enemigos que van a intentar torpedearlo. Y al mismo tiempo es algo absolutamente necesario para abrir un ciclo de debate democrático.

¿ELA sigue mirando a Lizarra-Garazi?

No miramos al pasado sino al futuro, pero es verdad que en ese futuro Lizarra-Garazi es una referencia con elementos positivos muy importantes. De hecho, el que la aprobación del documento por el Comité Nacional haya coincidido con el aniversario de la declaración de Lizarra ha sido una coincidencia agradable, porque para ELA un acuerdo de fuerzas autodeterministas, como fue aquél, sigue siendo imprescindible y urgente.

Planteáis la preocupación por el abandono del llamado plan Ibarretxe.

Planteamos la necesidad de retomar el conflicto político en el punto en que lo situó el rechazo de nuevo estatuto político por parte de las Cortes españolas. El proceso soberanista, en términos institucionales y políticos, ha llegado al punto en el que partiendo de la mayoría del parlamento de Gasteiz, se llevó el texto a las Cortes Españolas, donde fue rechazado; en el compromiso de esta mayoría parlamentaria estaba que el paso siguiente tenía que ser la consulta. Y sin embargo hoy tenemos la impresión de que unos y otros están en otras cosas y no entra en sus agendas un trabajo conjunto para preparar la consulta popular. Por poner un ejemplo, nos preocupa que el gobierno vasco plantee iniciativas de completar el Estatuto, en vez de retomar el tema de cómo quedó, tras su rechazo por Madrid, el nuevo Estatuto político que él mismo propuso. Nosotros, sinceramente, pensábamos que no estábamos en esa fase política y, sin embargo, parece que sí. Es una situación muy equívoca, en la que la gente no sabe a qué carta quedarse.

Algunos han interpretado la posición de ELA como crítica con la constitución de la mesa de partidos.

En absoluto. Pensamos que es bueno que esa mesa se constituya y que es muy positivo que los partidos políticos, salvo PP y UPN, hayan manifestado su disposición a abrir un nuevo ciclo de normalización política a través del diálogo sin exclusiones. No pretendemos decir lo que tiene que tratar la mesa pero pensamos que debe servir al menos para garantizar cuestiones como la participación libre que todos los proyectos políticos y sociales y facilitar y apoyar un escenario de distensión. En este sentido, insisto, la mesa de partidos es un instrumento de enorme legitimidad democrática y tiene un gran trabajo que hacer para que se den pasos imprescindibles hacia la normalización.

Otra cosa es que creamos que haya condiciones en este momento para que la mesa de partidos llegue a un acuerdo para que el ámbito vasco de decisión sea respetado. Esto no lo vemos posible dada la falta de acumulación de fuerza en clave autodeterminista y la posición de los partidos políticos, en concreto del PSOE, en el que no vemos voluntad de resolver el conflicto sobre la base del respeto democrático de la ciudadanía vasca. No hay ningún indicio en relación a esto, ni en lo que concierne al tema vasco ni en lo que concierne al tema catalán. Esa es al menos nuestra opinión y nos preocupa que se hinchen expectativas que no tienen base objetiva.

El documento habla de ruptura democrática, de confrontación democrática...

Son idea centrales de nuestro discurso. Pensamos que el estatutismo no tiene recorrido soberanista, porque no es posible pasar de él, o del Amejoramiento, a un marco de soberanía. El Estatuto tiene sus anclajes: el anclaje de la Constitución española, como recuerda una y otra vez el PSOE en el debate catalán, el del Tribunal Constitucional, las leyes de base, la revisión unilateral de competencias, el no poder conseguir mayores desarrollos sin la aceptación de las Cortes españolas, la partición territorial&

Obviamente es posible mejorar el estatuto. Pero por su propia naturaleza política no es posible una regeneración estatutista que suponga el reconocimiento de que la última palabra la tiene este pueblo. Este paso democrático supone un desplazamiento de la soberanía, al reconocer el estado un sujeto de soberanía distinto de la nación española. Es, por tanto, una ruptura que requiere trasformar la naturaleza de la relación con el estado que plantea el estatuto. Y esta ruptura sólo será posible si existe un acuerdo de mínimos entre las fuerzas autodeterministas, un qué hacer común que nos permita abordar en las mejores condiciones la confrontación democrática con las fuerzas y poderes que nos nieguen el derecho de ser sujeto político.

¿Cuál es el papel de ELA en este proceso?

Reiteramos nuestro compromiso, en la medida en que nos toca, para que todo concluya con éxito, sabiendo que no somos protagonistas o actores principales. Damos una gran importancia a la negociación entre ETA y el Estado, y tenemos el máximo interés en que esa negociación dé resultado. En este sentido cobra nueva fuerza la reivindicación de distensión y diálogo, dentro de la que se enmarca, por ejemplo la jornada intersindical del próximo día 30 por los derechos de los presos.

En cuanto a la mesa de partidos, manifestamos la predisposición y la voluntad de mantener cuantos contactos bilaterales sean precisos con las fuerzas políticas. Para ELA es importante hacer un seguimiento de lo que acontezca en esa mesa, para aportar aquellas valoraciones que para nosotros pudieran tener alguna utilidad, y que, desde luego, no se limitarían al ámbito socio-laboral. En cambio, no vemos el papel de una mesa intersindical que, en nuestra opinión, sería claramente subalterna en un proceso que, en los términos en que se plantea, queda en manos de los partidos.

Parece que a ELA le preocupa que en este clima en el que el conflicto político y sus derivadas lo llenan todo, los temas sociales queden al margen.

El tema sindical, el tema social, no se subordina a ninguna agenda política. Las agendas políticas bien están, y ojalá sigan para adelante. Pero, el tema social es fundamental para un sindicato, y no lo vamos a aparcar, ni dejar el conflicto social para cuando se resuelva el conflicto político. Los temas laborales y sociales tienen entidad propia y los sindicatos deben incorporar el conflicto social al centro del debate y ELA no va a escatimar esfuerzos en abordar los temas sindicales que preocupan a su base trabajadora.

La situación de Iparralde ha tenido en este análisis de coyuntura una presencia mayor de la que ha sido habitual en ELA.

No hemos hecho más que empezar a cubrir, muy poco a poco, esta deficiencia. Y lo cierto es que tenemos más de una cosa que aprender de cómo están haciendo las cosas nuestros compatriotas. El movimiento Batera o iniciativas como la de Laborantza Ganbera son ejemplos de estrategias acertadas. Espero que con el desarrollo de la Fundación Manu Robles-Arangiz y el incremento de la relación entre ambos lados de la muga la realidad de Iparralde esté cada vez más presente dentro de ELA.