Por nuestro bien (Testua gaztelaniaz)

2003/06/02

El gran argumento del sistema neoliberal para legitimarse ante la sociedad sobre la que se impone y ganar, si no su adhesión, sí al menos su resignación, es el de que sus recetas, por amargas que sean, son las únicas posibles. De ello nos convencen dirigentes políticos y económicos �promotores y gestores del sistema, en definitiva� y la mayoría de medios y creadores de opinión, igualmente al servicio del sistema.

Bernard Cassen, director de Le Monde Diplomatique y miembro de Attac- Francia, pone la crisis de los sistemas públicos de pensiones basados en el reparto como ejemplo de esa capacidad de manipulación. El discurso neoliberal parte de una verdad: El envejecimiento progresivo afecta a la relación entre el número de activos y de no activos. Es verdad también que ello exige revisar la financiación de los sistemas públicos.

Sobre estas dos verdades se monta la mentira de que sólo hay una solución: retrasar la jubilación, reducir los regímenes de reparto, basados en la solidaridad intergeneracional, y fomentar los regímenes de capitalización (fondos de pensiones) basados en el ahorro personal de los que pueden permitírselo.

Lo cierto es �continúa Cassen� que el aumento de la productividad puede compensar en términos de riqueza la peor relación activos/inactivos, y que la reforma de la financiación de los sistemas públicos puede aumentar progresivamente las cotizaciones de asalariados y empresarios y contemplar un mayor equilibrio entre cotizaciones y rentas financieras de las empresas.

Pero esta alternativa se oculta, ya que de lo que se trata es de recortar cotizaciones patronales y extender los fondos privados como garantía ante la �crisis� de los sistemas públicos. También se oculta que las garantías del sistema privado (recuérdense escándalos tipo Enron o la ruina de fondos de pensiones británicos) son mucho menores que las ventajas que los fondos ofrecen a gestores, bancos y compañías de seguros.

En definitiva, pretenden que los fondos de pensiones se conviertan en un nuevo y poderoso sistema de redistribución de la riqueza a favor del sistema financiero, en detrimento de la clase trabajadora. Y que las víctimas del expolio creamos que es por nuestro bien.
G.K.