ELA advierte al Parlamento de que sólo cabe oponerse al indecente rescate propuesto para UGT, CCOO y CEN
Ante la previsible votación para aprobar dicha ley foral, un partido político que se considere democrático solo puede oponerse. Cualquier otra postura supondrá apoyar un despilfarro enorme de dinero público destinado a blindar la financiación de una casta foral cada vez más en evidencia: UGT, CCOO y, por supuesto la CEN, se agarran a su salvavidas, en este caso el Gobierno de Barcina, con el único propósito de que sus dirigentes sindicales y patronales sigan viviendo del erario público.
ELA recuerda que el diálogo social se ha pervertido hasta convertirlo en Navarra en un auténtico despilfarro destinado a la financiación, ya ni siquiera encubierta, de algunas organizaciones afines al régimen.
Es inaudito que ante el clamor social por una regeneración democrática, mayor transparencia y mejor gestión de los recursos públicos, UGT, CCOO y CEN argumenten la necesidad de cobrar del presupuesto para cubrir sus gastos de representación. Con ese mismo argumento, UGT y CCOO justificaron su entrada en los órganos decisorios de Caja Navarra, Bankia y otros focos de corrupción por todo el Estado.
Además, la ley propuesta por el PSN es un insulto a la ciudadanía afectada por recortes en salud, educación, dependencia, etcétera. Por un lado, se afirma que no hay fondos para partidas sociales, pero a UGT, CCOO y CEN se les blinda su financiación incluso con el IPC anual garantizado, lo que supone una burla y una indignante falta de sensibilidad social.
ELA subraya las prisas de esta iniciativa, tramitada por vía de urgencia (el rescate económico parece dirigido a evitar la quiebra de algunas organizaciones) y sin debate parlamentario, argucia utilizada para evitar el bochorno público.
Hay que recordar una vez más que en este asunto, el problema no es la exclusión de algunos sindicatos: ELA no quiere ni necesita participar en este clamoroso fraude a la clase trabajadora. La diferencia se sitúa entre un modelo sindical como el de ELA, basado en la afiliación y los fondos propios, y el modelo de UGT y CCOO, dependiente de las subvenciones que le otorgue el Gobierno de turno. Un sindicalismo que defienda de verdad a la clase trabajadora solo puede afrontar ese reto desde la autonomía política y económica, a pesar de todas las dificultades, y desde la honradez y la transparencia.