La nueva modificación es utilitarista y productivista
La modificación se basa en flexibilizar las condiciones para conseguir un permiso de residencia. Antes, para conseguir un permiso de residencia por formación, esta debía ser de al menos 200 horas. A partir de ahora, podrán realizarse formaciones de menos horas y existirá la posibilidad de hacerlas online. El ministro Escrivá alega que facilitará el acceso a las mujeres ya que hasta ahora solo el 31% de las personas que accedían a estas formaciones eran mujeres.
Las personas extranjeras son discriminadas desde el primer momento en que llegan a nuestro territorio debido a todas las limitaciones impuestas por las Administraciones. No tienen derecho real a la sanidad, a una vivienda o a las prestaciones sociales que tiene el resto de las personas.
Se ven obligadas a malvivir, sin derechos, hasta que pueden conseguir un contrato de trabajo (si es que lo consiguen). Y cuando llega el contrato de trabajo, la mayoría de las veces, es en condiciones de precariedad (salarios que a veces no llegan ni al mínimo interprofesional, jornadas interminables, nula seguridad en el trabajo etc.)
A través de esta modificación, se vuelve a tratar una vez más a las personas extranjeras como mera mano de obra, personas que solo sirven para trabajar o para explotar.
La mayoría de las muertes en el trabajo ocurren en los primeros meses de contrato, es decir, muchas veces, por falta de formación, debido a los altos ritmos de trabajo etc. Con esta modificación, solo se conseguirá que entren en el mercado laboral personas menos formadas y más precarias.
Es precisamente lo contrario lo que las empresas deberían ofrecer para atraer trabajadores y trabajadoras; más formación, mejores condiciones laborales, mayor flexibilidad y menores jornadas para poder conciliar la vida laboral y la personal. Esta es la forma de promover la igualdad de género, impulsar políticas para conciliar más y mejor. Esta última norma no hará que más mujeres se incorporen al mercado laboral, ya que las discriminaciones que sufren las mujeres son estructurales.