La población ocupada es inferior a la de 2007 en más de 126.000 personas
El balance de lo sucedido en 2016 es concluyente: un año más en el que la distribución de la renta es más desigual. Es cierto que el año pasado se creó empleo y se redujo el paro. Pero, si bien la riqueza generada (el PIB) ha sido un 3,9% superior a la creada durante el año 2008 en el que estalló la crisis subprime, el nivel de desempleo es doble que en aquel entonces y siguen sin generarse puestos de trabajo suficientes. De hecho, la calidad del empleo es sumamente precaria y se discrimina fuertemente a las mujeres, a la juventud y a las personas mayores de 55 años.
En concreto, y aunque se han generado algo más de 20.000 puestos de trabajo durante 2016, la población ocupada es inferior a la de 2007 en más de 126.000 personas. Por el contrario, el número de personas en desempleo es superior a la de entonces en 80.000.
De hecho, el empleo que se genera es totalmente temporal (el 93,4% de los contratos que se firman lo son) y en gran medida a tiempo parcial (más de un tercio de los contratos hechos son de este tipo). Es más, la duración de los contratos es sumamente preocupante: la mitad de todos los contratos firmados en 2016 tuvieron una duración inferior a un mes.
Así, no es de extrañar que más del 17% de la población ocupada tenga un empleo a tiempo parcial y una de cada cuatro personas asalariadas sea temporal. O que la tasa de desempleo continúe siendo del 11,7% y que seis de cada diez personas en desempleo lleve más de un año intentando lograr un empleo sin conseguirlo. En la mayoría de estos aspectos, las mujeres sufren una importante discriminación con respecto a los hombres.
Además, el gasto en prestaciones por desempleo continúa siendo recortado: no solo tienen cada vez un menor peso en el PIB (apenas supone un 1% del mismo, que es menos de la mitad de lo que supuso en 2012 o 2013), sino que año tras año se reduce su cobertura (menos del 40% de las personas en desempleo cobran algún tipo de prestación) y se destinan menos recursos en total y por persona perceptora.
Todo esto hace que nos situemos en los peores puestos de toda la Unión Europea en cuanto a niveles de temporalidad, desempleo o desempleo juvenil, estando solo mejor que dos o tres estados, entre los cuales se encuentra el español.
En este contexto histórico, es inconcebible que no se tomen medidas que mejoren las condiciones de vida de toda la ciudadanía a la vez que se genere una alternativa socioeconómica inclusiva para toda la población que esté centrada en la justicia social y la igualdad.