M17: Construir la hegemonía o ser una minoría poseedora de la razón
La huelga general como instrumento es una forma de movilización en crisis en todo el mundo. Se ha convertido en un día de movilización y la producción en líneas generales no se detiene. La huelga se ha convertido en un ejercicio cada vez más individual y a falta de debates colectivos para decidir si se hace huelga, los trabajadores y las trabajadoras quedan muy desprotegidas a la hora de decidir que quieren secundar la huelga. Para ello existen intereses corporativos por parte de los gobiernos, patronales y medios de comunicación. Esto también forma parte del autoritarismo de los estados que denuncia el Movimiento Socialista (la criminalización de los piquetes y huelguistas debe ubicarse ahí).
En nuestro caso es un reto mayúsculo que la huelga sea una herramienta politizadora y un ejercicio para detener la producción. Dicho esto, en Euskal Herria se para más la producción que en cualquier otro territorio europeo. El 17 de marzo la militancia de ELA de Iparralde vinó a vivir el día en Hegoalde, estaban absolutamente boquiabiertos con lo que veían. Somos muy conscientes de que en función del territorio y el sector la situación no es uniforme (tampoco nuestra correlación de fuerzas) y que no podemos conformarnos con el actual modelo de huelga, pero valoramos mucho lo que hacemos.
Las transformaciones sociales, o herramientas movilizadoras como la huelga, no son fotos fijas, se construyen y se deconstruyen, y por eso hay que leerlas en proceso. Esta vez hemos establecido un punto de inflexión respecto a las últimas huelgas generales. En esta huelga (además de mejorar el salario mínimo) nos hemos puesto un reto, mejorar el seguimiento de la huelga y, especialmente, ampliar los ámbitos en los que se decide colectivamente hacer la huelga (que en los últimos años estaban en reduciéndose). Los centros que han decidido secundar la huelga mediante asambleas y votaciones colectivas se han duplicado respecto a la huelga general de 2.020, y en la práctica totalidad de los centros donde se ha realizado una votación los trabajadores y las trabajadoras han decidido secundar la huelga. No es suficiente, pero hemos creado las condiciones para hacer este ejercicio en aún más centros de trabajo para una próxima huelga. La situación actual es criticable, por supuesto, pero valoramos lo que hemos hecho. Al hacer así las asambleas creamos conciencia de clase trabajadora, debatir colectivamente las razones de la huelga se convierte en una oportunidad para politizar a la clase trabajadora y las personas trabajadoras que quieren hacer huelga consiguen un amparo colectivo. Tiene razón Dani, hemos conseguido que esto se haga en pocos lugares todavía, pero lo que hemos hecho ha sido totalmente a contracorriente y esto solo se hace en Euskal Herria.
Han dicho que la huelga ha sido decidida por una élite (una burocracia) fuera de los intereses de nuestras bases. Y además hemos hecho pública la reivindicación de forma aislada y no es fruto de una dinámica o un proceso reivindicativo. Esto no solo es una excusa utilizada por los esquiroles para no hacer huelga, sino que no es cierto. La decisión de situar la reivindicación del salario mínimo en el centro de la estrategia de nuestro sindicato la tomamos en el Congreso de hace cinco años y la reafirmamos en el último Congreso (con la total aprobación de 736 militantes). Después, decidimos presentar una iniciativa legislativa popular a favor de decidir y subir aquí el salario mínimo. LAB tenía otra estrategia y en lugar de competir hicimos compatibles las reivindicaciones.
Primero pusimos en marcha una dinámica de interpelación a la patronal. Después pasamos tres meses recogiendo firmas y recibimos 140.000. La labor militante que supone recoger 140.000 firmas en tres meses es tremenda, miles de personas tienen que estar pidiendo firmas persona por persona. La convocatoria de huelga del 17 de marzo no puede entenderse sin este trabajo. Volvimos a llevar el debate a las patronales y a las instituciones, y ante sus negativas decidimos convocar una huelga general. Ha sido un proceso participativo de principio a fin. Nuestra reivindicación, acordar aquí la subida del salario mínimo a 1.500 euros, ha sido secundada en gran medida por las personas a quienes menos afectaba directamente, y han apoyado con su huelga al proletariado más vulnerable y más difícil de organizar. ¡Qué gran ejercicio politizador que construye clase trabajadora!
La decisión táctica nos corresponde a la dirección, pero ha sido consecuencia de un mandato de nuestras bases y de una reivindicación que ha tenido una adhesión generalizada de los trabajadores y las trabajadoras en el tiempo. Seguiremos presionando a partir del 17 de marzo. Que se me disculpe la atrevencia, ¿ha sido más participativa la organización de la movilización del 31 de enero? La cita a la burocracia puede ser muy antisindical. ¿Acaso CGT, Solidari o CNT han hecho procesos más participativos para convocar la huelga?
Y porque hemos hecho así el proceso nuestra militancia ha estado muy orgullosa. Más de 4.000 delegados y delegadas han participado en las reuniones de todo el día para situar el contexto político y la jornada de huelga, hemos realizado los piquetes más multitudinarios de las últimas décadas, hemos celebrado el mayor número de asambleas de la historia (más de 2.000 solo ELA)... Todo esto no es uniforme ni por territorios ni por sectores, pero tiene un valor enorme. Especialmente tiene un enorme valor el hecho de que en un mundo laboral con centros de trabajo cada vez más pequeños y dispersos (donde predominan las mujeres, los trabajadores y las trabajadoras migradas y jóvenes), nuestra militancia haya visitado a miles y miles de personas trabajadoras una a una. Nuestra militancia llegó muy contenta al 17 de marzo y ha salido muy contenta del 17 de marzo. La clase trabajadora de Euskal Herria también vive invuida en esta cultura capitalista y, en consecuencia, construir organizaciones colectivas no es fácil para nadie. Menospreciar lo que se ha hecho es injusto y falso.
En lugar de responder a un ataque, hemos apostado por una reivindicación ofensiva. Teníamos dos opciones: hacer una lectura abstracta de la situación política, pensando que se conseguirán grandes movilizaciones y que con ello se producirá una transformación política y social; o bien, hacer una reivindicación concreta y coherente con toda una lectura política, con una reivindicación que puede provocar una politización de la sociedad y pueda conducir a una mejora de las condiciones materiales de vida, y ganando esa reivindicación tratar de alimentar una lucha posterior. Hemos elegido la segunda opción.
El capitalismo hoy tiene al menos tres características principales: la ruptura del estatus posterior a la segunda guerra mundial y la intención de mantener los beneficios empresariales a costa del empobrecimiento de las clase trabajadora, y, de este modo, compensar la reducción estructual de las tasas marginales de beneficio del capital; la competencia imperialista entre las grandes potencias con el objeto de saquear los recursos naturales frente a los límites biofísicos del planeta; y la expansión del fascismo como herramienta de control social frente al empobrecimiento generalizado (mediante discursos machistas, racistas, capacitistas y otros mensajes de odio que fueron instrumentales para la acumulación primigenia del capital). Conseguir un salario mínimo propio y subirlo a 1.500 euros responde a esos tres retos, y tiene el potencial de generar politización anticapitalista entre los trabajadores y las trabajadoras. Por eso mantendremos la solicitud después del 17 de marzo. ¿Cuántos trabajadores y trabajadoras hubiesemos sacado a la calle con la reivindicación del Movimiento Socialista? ¿Y qué huelga general se podía hacer con los sindicatos que han sido socios de MS sin hacer uso de la capacidad de huelga de ELA y LAB?
Quid prodest? Nuestra única intención es favorecer a los trabajadores y las trabajadoras, no a un partido o a otro, porque no es nuestra intención sustituir a los partidos, sino construir la presión social necesaria para que los partidos hagan políticas en favor de la clase trabajadora. La autonomía de ELA es esa. La gran victoria de la huelga del 17 de marzo es que Aitor Esteban hiciera público que defenderá el salario mínimo propio (junto a argumentos en contra de la huelga general). Estamos con Gramsci. Queremos crear una hegemonía cultural en favor de nuestras reivindicaciones. Hemos traído a primera línea una reivindicación que no estaba en la agenda de los partidos políticos. Después, si los partidos quieren adecuar sus prioridades a las reivindicaciones de los sindicatos para sacarle provecho electoral, ¡genial! La prioridad de MS puede ser sustituir a los agentes sociales y políticos, nosotros queremos debatir la hegemonía cultural que la sociedad capitalista ha conseguido en Euskal Herria, y que los partidos políticos hagan su día a día en función a ella. Si un día MS entra en el debate del control institucional, haremos los mismo.
¿En esa lógica de sustitución estamos ELA y LAB? ¿Esa es la razón de la colaboración con CGT, CNT o Solidari? Sería lícito. Pero me sorprende el poco valor que le da MS a que Euskal Herria sea el territorio que convoca el mayor número de huelgas en Europa (seguramente en el mundo). Esto es consecuencia, entre otras cosas, de las decisiones estratégicas de ELA. Eso debería ser un chollo para un movimiento que quiere radicalizar a la sociedad. No veo a esos tres sindicatos en nuestro país generando muchas dinámicas de huelga, ni generales ni sectoriales, ni siquiera en los centros de trabajo (alguno tiene el honor de haber dado por buena la decisión de cerrar BSH).
Una reflexión final. ELA busca una tensión movilizadora en el camino entre lo que hay y a lo que aspiramos. Hay quien acepta lo que hay. Hay quien reivindica constantemente la utopía. Y estamos quienes tratamos de llenar el camino a la utopía con reivindicaciones que movilizan a la clase trabajadora, para acercarnos paulatinamente a esa utopía. Quien acepta lo que hay no crea militancia (porque no es necesaria) y no cambia la realidad. La utopía en abstracto no es movilizadora de forma masiva (porque no se puede convertir en una victoria tangible y dificilmente genera movilizaciones de masas), pero sí puede conseguir una militancia activa y cohesionada en torno a esa utopía. Y estamos quienes organizamos reivindicaciones concretas y movilizadoras para llenar la utopía de realidades (por eso Euskal Herria es el territorio que más huelgas hace en Europa, porque acertamos en eso) y estas movilizaciones pueden convertirse estructuralmente en politizadoras en una lógica de masas (en esto tenemos mucho que mejorar). Queremos trabajar esa tercera vía. Muchas veces no acertamos y en nuestro gran reto (utilizar las movilizaciones para la politización profunda) otros agentes pueden influir mucho si no subestiman a los agentes y sus movilizaciones.
Pero si la utopía no se llena de victorias, ¿esa utopía no está condenada a ser minoritaria? ¿El objetivo es tener un grupo grande y significativo de militantes (en la sociedad actual esto tiene un mérito tremendo) o transformar la sociedad y utilizar la lógica de masas para ello?