MARTXOAK 8

SMI 1.500 €: ¡Por justicia feminista!

06/03/2026
SMI 1.500 €: ¡Por justicia feminista!
Grupo de género de ELA
La huelga general del 17 de marzo por un Salario Mínimo de 1.500 euros también es una huelga feminista. Porque toda lucha por la emancipación de las mujeres tiene una base económica. Cómo olvidar cuando las trabajadoras de las residencias de Bizkaia negociaban su convenio y la patronal -ellos, los hombres, los pagadores- les decían: ¡Pero para qué queréis hablar de subir los salarios si vuestro sueldo es un complemento del de vuestros maridos! Así ven a las mujeres, como secundarias, como su apéndice. La costilla de Adán.

Pero las mujeres también quieren comerse la manzana, y el frutero entero. Y con el pan no se juega. Porque saben bien que es mucho más fácil que te desahucien si tienes un sueldo de miseria y no puedes pagar la hipoteca, o directamente no puedes acceder a una; porque es prácticamente imposible salir de una relación de maltrato cuando tu salario no te permite tener una vida autónoma. Porque es utópico renunciar a tu trabajo porque el señor al que cuidas te ha tocado el culo si no tienes suficiente dinero como para huir de la casa donde estás empleada. Porque la violencia económica, al igual que la sexual, es un elemento aleccionador para las mujeres, y es difícil entender la una sin la otra. Haciendo nuestras las palabras de Cristina Fallarás, a quien entrevistamos recientemente para nuestra revista sindical, ALDA, “la violencia económica es una doma, un disciplinamiento para las mujeres. 

La subida del Salario Mínimo beneficiaría, sobre todo, a mujeres, personas migradas y jóvenes, así como a los hogares monoparentales encabezados por mujeres, casualmente a quienes más difícil lo tienen. Según datos del último informe sobre pobreza publicado por Cáritas, en la CAPV, la prevalencia de exclusión entre personas extranjeras (40,7%) es 5 veces superior a la de las personas nacidas aquí. En Navarra las tasas de exclusión entre personas con nacionalidad extranjera (40,2%) son 4,5 veces superiores a la gente con nacionalidad estatal. Una pobreza que no es casual, sino buscada y anhelada por los poderes económicos, en tanto que permite a la patronal disponer de una masa proletaria barata y de baja conflictividad, es decir, manejable.

Por no hablar de las pensionistas. En la CAPV el 11,3% de las pensiones contributivas están por debajo del umbral de pobreza severa. Las mujeres mayores de 65 años, con trayectorias laborales fragmentadas y pensiones bajas, muestran tasas de pobreza superiores a las de los hombres de la misma edad. Subir el SMI aumentaría las cotizaciones y permitiría una vida mejor a todas aquellas mujeres que tienen una pensión ínfima porque han encadenado contratos parciales; a quienes se han reducido su sueldo -que no la jornada laboral porque cuidar no entiende de horarios ni vacaciones- para poder cuidar a menores y mayores. Para muestra un botón: las mujeres representan el 87% de las excedencias por cuidado de hijos e hijas y el 72% de las excedencias para atender a otros familiares. 

La cohesión social de una sociedad pasa por la homogeneización de las condiciones de las personas trabajadoras. Y eso no se consigue rebajando las condiciones de quienes gozan de unas mejores condiciones -o de unas condiciones menos malas- aunque nos hayan colado el discurso de que nuestros enemigos son los funcionarios que viven mejor; esa amiga tuya que sí puede pagar la hipoteca y hasta puede irse de vacaciones una semana al año. Vaya, que privilegiada por tener una hipoteca a 50 años. No, la homogeneización no debería pasar por denigrar al que está menos mal, debería lograrse mejorando las condiciones de los y las de abajo, de quienes ni siquiera pueden aspirar al supuesto privilegio de hipotecarse de por vida. Esto va de cohesión social, que no deja de ser justicia social. Y de eso va también la reivindicación de esta huelga por un Salario Mínimo que alcance los 1.500 euros.

Sin negar, obviamente, las contradicciones. Sabemos que muchas mujeres no podrán unirse a la huelga: porque están en situación administrativa irregular, porque ni siquiera tienen un contrato de trabajo, o porque no pueden permitirse parar. Claro que el sistema se sostiene, sobre todo, en los cuidados. Nadie niega eso.

Por eso, esta huelga también es una huelga feminista. Porque las mujeres asalariadas también sufren violencia económica, porque también son sujeto de la lucha feminista. Porque ellas también quieren hablar de rentas, fiscalidad o salarios. Porque en contra de lo que nos han vendido, la peor enemiga de una mujer nunca es otra mujer. Ya lo decían en el programa de televisión `La bola de cristal´: solo no puedes, con amigos, sí. Y si son amigas y además compañeras de lucha, aún mejor. Es una cuestión de justicia feminista.