En memoria de Juan Miguel Mendoza (Opinión; German Kortabarria, Secretario General adjunto de ELA)
Juan Miguel Mendoza ha muerto. Nos ha dejado un hombre bueno. Juan Miguel no ha sido, desde luego, sólo un hombre bueno. Ha sido persona de mente privilegiada, de conocimientos enciclopédicos, gran conocedor de la realidad de nuestro pueblo, dominador como pocos de los entresijos del tejido económico y empresarial vasco, capaz de plantear estrategias para responder a situaciones de crisis como las que tantas veces ha tenido que afrontar, trabajador incansable, militante comprometido desde su primera juventud con su clase y su pueblo... Todo ello engrandecido por su humanidad, su generosidad y su sencillez.
ELA le debe mucho a Juan Miguel Mendoza. Su compromiso empezó en tiempos sombríos cuando, bajo el impulso de Pako Makazaga, emprendió mano a mano con el llorado Juan Olaskoaga la tarea de reconstruir el sindicato. Desde entonces en su larga trayectoria su aportación al proyecto ha sido fundamental, tanto desde las responsabilidades orgánicas de primer orden que le ha tocado desempeñar como desde su trabajo a pie de empresa y de calle. Los últimos años los ha dado en Elkarkidetza, dedicado a un campo del que había sido uno de los principales impulsores: el de los sistemas de previsión complementaria ligados a la negociación colectiva.
Nunca olvidaremos el trabajo y la aportación de Juan Miguel Mendoza en los duros años de la crisis industrial. Nunca olvidaremos su clarividencia cuando alzó la voz, antes que nadie, ante la patraña de una Euskadi de servicios que sustituyera al modelo económico basado en la industria. Mendoza defendió la industria como piedra angular del resto de actividades económicas y lideró la reivindicación de una política de reindustrialización. El tiempo nos ha enseñado hasta qué punto tenía razón.
Juan Miguel Mendoza, fue un hombre del pueblo. Tenía capacidades para ser lo que se hubiera propuesto y quiso ser lo que fue: una persona comprometida con los suyos, enraizada en su clase y su pueblo. Una vez me comentó:"Sé que no hay pueblo en Euskal Herria en el que no tenga amigos con los que tomar un trago y un bocado. ¿Qué más se puede pedir?". Así era.
La vida que tanto amó y disfrutó le ha abandonado prematuramente. Reciba, donde quiera que esté, nuestro reconocimiento y nuestra cariño. Reciban también nuestra solidaridad en el dolor su mujer, Maritxu, compañera tan querida de su trayectoria vital, y toda su familia.