"La decisión de LAB supone la voladura de las más elementales reglas de juego y del respeto entre organizaciones"
Aldolfo Muñoz (responsable de negociación colectiva), Izaskun Garikano (secretaria federal de Gizalan) y German Kortabarria, han comparecido en rueda de prensa para denunciar la actitud de LAB.
COMUNICADO
Este 23-F, LAB -junto con UGT y CC OO- ha estampado su firma en el acuerdo al que ha llegado con la dirección de Osakidetza. No vamos a entrar a discutir el contenido del acuerdo; nos remitimos a la negativa valoración manifestada por la mayoría sindical del sector. Pero sí queremos referirnos a la voladura de las más elementales reglas de juego y del respeto entre organizaciones que supone esta decisión de LAB.
Para empezar, LAB ha firmado un acuerdo en minoría, y expresamente contra la mayoría de la representación elegida por las trabajadoras y trabajadores. Aunque la realidad del sector sanitario es compleja, hay reglas de juego que no se pueden poner en cuestión. LAB cuenta con el 21,3%; UGT y CC OO no llegan al mínimo que les permita estar presentes en la mesa de negociación, pero acuden amparados por imperativo legal, gracias a la LOLS (por ser sindicatos más representativos en el Estado español). Esto, frente al 78,61% de ELA (44%), SATSE (19,11%) y SME (15,5%).
LAB no ha tenido reparo en actuar contra la mayoría de los trabajadores y trabajadoras de la sanidad pública vasca, y se ha apoyado además en dos organizaciones que detentan una representación ficticia, otorgada por la otras veces denostada legalidad española. De paso, esta organización sindical da cobertura política y mediática a la decisión de Osakidetza -en definitiva, del Gobierno Vasco- de truncar el proceso de negociación mediante un acto de fuerza y arbitrario. Decisiones como esta llevan a una pérdida de confianza difícil de recuperar.
Y es que sabíamos que el romper los procesos de negociación mediante cambalaches con minorías se había convertido en un proceder habitual del tripartito de Ibarretxe, que incluso tenía ya dos sindicatos, CC.OO. y UGT, dispuestos a estampar su firma cuando hiciera falta. Ahora se les ha sumado LAB.
Estamos ante una carga de profundidad contra las reglas de juego más elementales y contra los principios de respeto a las mayorías que, teníamos entendido, la mayoría sindical vasca había asumido, con independencia de consideraciones de coyuntura y oportunidad.
No podemos olvidar que el respeto de la mayoría supone para los sindicatos y el colectivo que representan una garantía necesaria frente a las interferencias de la patronal; los acuerdos cerrados con las minorías implican una grave distorsión de la negociación colectiva, porque la firma no la pone la representación elegida por la mayoría del colectivo afectado, sino la patronal, que opta por la organización u organizaciones que más fácil y barato le plantean el acuerdo.
Es evidente que, en este caso, quien ha dado apariencia de validez a una firma ha sido Osakidetza, que necesitaba un acuerdo para intentar reventar la huelga -cosa que no va a conseguir- y reparar la imagen de deterioro del Servicio Vasco de Salud, verdadera joya para las campañas propagandísticas de la administración de la CAPV, en un periodo de claro cariz electoral como el que acaba de empezar.
Paradójicamente, un sindicato que alardea de rebeldía contra la legalidad española; que reivindica el respeto para las mayorías vascas; que dice pelear contra la imposición, se apunta a dar cobertura a la operación de Osakidetza, que pisotea el derecho a la negociación colectiva de su personal y aplica la legislación española para decidir de manera unilateral el contenido de las condiciones de trabajo. Decimos lo de unilateral porque la aportación de LAB y la de los dos sindicatos personados por imperativo legal es meramente cosmética, para maquillar un acuerdo decidido por la dirección contra la voluntad de la mayoría del personal afectado.
No se puede pasar por alto que esta actitud de LAB se produce en un sector movilizado como pocas veces, y que la firma tiene un objetivo muy claro: romper el proceso de huelgas iniciado la semana pasada. Los tres sindicatos que han firmado el acuerdo han pasado de no secundar la convocatoria de huelga, lanzada por la mayoría, al esquirolaje activo, a la colaboración con la patronal en su intento de romper la huelga.
El interés de la administración en el sector es evidente; también se puede entender el afán de UGT y CC OO por marcar cierto protagonismo, de una manera bien triste, en un ámbito en el que prácticamente no existen. Pero ¿y LAB? ¿Qué gana actuando como un sindicato de cámara, dócil con el poder y beligerante con el colectivo de trabajadores y trabajadoras?
Debemos reconocer que nos resistíamos a creer que algo así pudiese ocurrir, por mucho que nuestra gente en el sector insistiera en que la firma era más que probable, la realidad nos ha desengañado, y nuestra capacidad de sorpresa se ha desbordado. No entendemos nada.