Aberri Eguna 2013

26/03/2013
Con motivo del Aberri Eguna, el Comité Nacional de ELA aprobó la semana pasada una declaración. En ella manifiesta que "construir una nación justa y solidaria, fortalecer y blindar un marco vasco de relaciones laborales y protección social, y alcanzar nuestra soberanía nacional constituyen la principal motivación de nuestra militancia sindical".

Como cada año ELA aprovecha la festividad del Aberri Eguna para hacer una reflexión sobre la coyuntura política. En esta ocasión la celebración coincide, además, con el 50 aniversario de la Declaración de Itsasu correspondiente al Aberri Eguna convocado en 1963 por el movimiento Enbata en la villa labortana. Aquella declaración suele tomarse como el acto fundacional del abertzalismo organizado en Iparralde, y por ello, en este aniversario ELA quiere felicitar a las personas que militaron en aquel movimiento y, en general, a todos y todas las abertzales de Iparralde.

ELA cree que la amplia adhesión política y social de la que goza hoy la lucha por una colectividad territorial específica para Iparralde es fruto, sobre todo, de la lucha histórica de ese abertzalismo organizado y plural a lo largo de estas décadas. Y ello es motivo de una gran satisfacción para todos los abertzales, también de Hegoalde. ELA cree que, decida lo que decida ahora el gobierno francés en relación con esta cuestión, la conciencia y la lucha por el reconocimiento institucional ha llegado a un punto de no retorno, que abrirá, en cualquier caso, una nueva fase política.

Los procesos que están viviendo naciones como Cataluña y Escocia en su camino hacia la independencia confirman la actualidad de esas apuestas por construir nuevas entidades de autogobierno, y hasta nuevos estados, y nos fortalecen en nuestra determinación por construir un futuro de libertad y progreso para nuestro pueblo.

Asimismo, el fin de la lucha armada de ETA –que durante tantos años fue un obstáculo objetivo para la acción conjunta de los abertzales– ha posibilitado nuevas oportunidades políticas que los abertzales de Iparralde están sabiendo aprovechar. También en Hegoalde, creemos, se dan nuevas oportunidades que los abertzales deberíamos saber interpretar y aprovechar.

Y es que, para ELA, vivimos en Hegoalde una situación paradójica. Desde la llamada transición política, nunca nuestro autogobierno ha estado más puesto en cuestión por parte del estado español, y al mismo tiempo, acusamos una bajísima tensión política para su defensa. El estado está imponiendo, por ejemplo, sus rigores económicos y sociales –como es el caso de la Ley de Estabilidad Presupuestaria, leyes orgánicas o leyes básicas–. Frente a ese ataque, las instituciones, casi en su conjunto, no discuten las imposiciones ni las caracterizan como tales. Los recortes presupuestarios que se van a realizar por parte de los gobiernos de Gasteiz e Iruñea son una muestra de ello. Y estos recortes no sólo se cumplen, sino que se califican como “inevitables” e incluso “necesarios” al mismo tiempo que se critica –como ha hecho el lehendakari Urkullu– o se tacha de maximalistas o retóricos a quienes hemos decidido “confrontar” con las políticas antisociales. Lamentablemente, los cambios de gobierno no alteran una agenda política obsesionada con el déficit que se somete voluntariamente a los dictados de Bruselas y Madrid. Y cabe preguntarse, por ello, cuál es el sentido de las contiendas electorales, si sólo cabe una única política económica y social.

Algo parecido sucede con el intento de imposición de proyectos ideológicos neocentralistas y ultraliberales como la LOMCE, la reforma educativa del ministro Wert, que o son básicamente aceptados –caso del Gobierno de Navarra– o tienen una tibia respuesta que evita la confrontación con un gobierno que pretende acabar con cualquier resquicio de autogobierno –caso del Gobierno Vasco–.

Por otro lado, ELA no encuentra entre las fuerzas abertzales presentes en el ámbito institucional ningún interés por trabar alianzas (ni dentro de esas instituciones ni, menos aún, con la sociedad civil) en defensa de nuestros intereses nacionales, ya sea en lo social, lo político, lo económico o lo cultural. La amplia mayoría abertzale de que goza, por ejemplo, el Parlamento vasco –que debiera ser más beligerante en la defensa del autogobierno y de la cultura y la identidad vasca– resulta estéril para esa tarea. Creemos que la agenda neoliberal del gobierno y la búsqueda de alianzas en esa clave acaba imponiéndose como único criterio orientador de la acción política, frustrando la voluntad ampliamente manifestada por la ciudadanía. ELA cree que las prácticas neoliberales son, objetivamente, un obstáculo para las alianzas amplias que precisa el soberanismo.

En el contexto de la crisis, ELA considera que la suerte de las personas más desfavorecidas debiera declararse como primer objetivo nacional. 240.000 personas se encuentran desempleadas y de ellas, más de 100.000 carecen de prestación o subsidio de desempleo. Y ello sucede cuando Hegoalde dispone de un PIB per capita muy superior al español y superior al francés y a la media de la Unión Europea. La situación de pobreza creciente en nuestro ámbito, por tanto, no es sólo consecuencia de la crisis y del desempleo, sino también de una muy injusta redistribución de la renta que, a día de hoy, las instituciones no corrigen.

Esto resulta especialmente grave dado que Hegoalde tiene instrumentos útiles y propios para proceder a un reparto más justo de la riqueza, como es la fiscalidad. Con una fiscalidad más justa, ambiciosa y progresiva se puede acabar con la pobreza, aumentar las prestaciones sociales, desarrollar los servicios públicos y crear miles de empleos. La política fiscal es el elemento central del autogobierno vasco y el termómetro más efectivo para medir el compromiso real con la suerte de las clases populares. Lamentablemente, lo que se postula es la consecución de un pacto fiscal entre los cuatro principales partidos que no tiene por horizonte equiparar la presión fiscal vasca con la media europea.

Al mismo tiempo que aumenta la desigualdad, algunos representantes institucionales no sólo rechazan las interpelaciones de la sociedad organizada, sino que, en el caso de ELA, se le niega incluso la legitimidad para realizar esas críticas. Se conmina repetidamente a que el sindicato se presente a las elecciones políticas si quiere emitir opinión sobre la fiscalidad o las políticas públicas. Tenemos que denunciar esta visión chata y reduccionista de la política y de la sociedad civil, porque tiene un componente autoritario, antidemocrático y clasista. Y resulta aún más grave cuando se dan por naturales las actuaciones y hasta los sobornos del lobby patronal, económico y financiero, cuyos intereses están no sólo bien representados, sino también perfectamente garantizados en la gestión neoliberal de la crisis.

ELA no exige a nadie que comparta sus posiciones, pero no va tolerar que se discuta su derecho a emitir críticas y propuestas alternativas. La reflexión y la propuesta política no son patrimonio exclusivo de los partidos y los poderes económicos. ELA reivindica el derecho a trasladar reflexión y propuestas, y a exigir democracia y participación para la clase social que representa y cuya legitimación acredita notablemente. Lo seguiremos haciendo desde nuestra plena autonomía. Lo seguiremos haciendo también por responsabilidad, porque creemos que incluso en las instituciones donde se decida llevar a término políticas de progreso, éstas no serán posibles si no cuentan con una interpelación exterior y tensión por parte de una sociedad permanentemente movilizada.

Finalmente, en lo que tiene que ver con las políticas presupuestarias, y en directa relación con esta festividad del Aberri Eguna, ELA manifiesta su preocupación por las consecuencias que los recortes públicos van a tener en un sinfín de servicios básicos e iniciativas, luchas, asociaciones, entidades… que resultan fundamentales para la construcción nacional y que tienen que ver con euskara y la cultura, la soberanía alimentaria, las políticas de igualdad, el deporte, las energías alternativas, la solidaridad internacional, la inmigración, la memoria, los derechos humanos, la vivienda, la lucha contra la pobreza… En torno a esas cuestiones y otras muchas se trabajan aspectos y valores fundamentales para la construcción del país, y casi siempre, además, con un enorme estímulo y compromiso militante de una parte importante de la sociedad. ELA cree que el horizonte de más años de crisis regidos por los recortes, unido al carácter crítico e interpelador para las instituciones de muchas de esas iniciativas, no puede suponer que carezcan en el futuro de lo necesario para su desenvolvimiento.

En el ámbito del estado asistimos a una excepcional crisis de representación política que está removiendo los cimientos de la transición política. Esta crisis afecta especialmente a la monarquía, al sistema de partidos salpicados por los casos de corrupción (igual en Nafarroa que en el estado) y a su conexión con el poder económico. Con todo, como decíamos, esto no es obstáculo para que se acentúen los reflejos más neocentralistas y represivos.

El neocentralismo tiene su reflejo más evidente en la imposición de las políticas de austeridad, lo que desnaturaliza el autogobierno. ELA cree que en Euskal Herria se podría responder a ese impulso marcando referencias políticas distintas en términos sociales, económicos, políticos y democráticos y que tengan como estrategia la suma. En el ámbito institucional, creemos, esto pasaría por plantarse ante tanta imposición centralista y antisocial. Y esa apuesta sólo puede sostenerse dando solidez a alianzas más allá de los propios partidos, comprometiendo a la sociedad organizada en esa apuesta. ELA manifiesta su compromiso con quienes decidan recorrer ese camino. Consideramos que hay tejido social y sindical, productivo y cultural suficiente para hacer una política más arriesgada, y más protectora de los intereses nacionales y de las clases populares. Sólo desde la negativa a aplicar la agenda neoliberal en nuestro país es posible construir una alternativa. Y sólo esa negativa será capaz de poner el autogobierno al servicio de la gente que más lo necesita. Se trata, por tanto, de una opción justa y proporcional al tamaño de las injusticias que estamos viviendo, capaz además de dar credibilidad al proyecto que postulamos. Se trata, además, de la única opción para que la reivindicación nacional gane cada día más amplios sectores sociales.

En el apartado represivo y autoritario, ELA quiere denunciar la negativa del gobierno del estado a dar salida a las cuestiones del desarme y de la política penitenciaria pendientes tras la decisión de ETA de abandonar definitivamente la lucha armada. Esta negativa persigue, a nuestro entender, un objetivo inaceptable, que es el de condicionar la transición del llamado MLNV hasta que acepte acríticamente el régimen surgido tras la transición política, además de dar satisfacción a las ansias de venganza que sistemáticamente se alimentan desde las instancias judiciales, mediáticas y sociales afines al régimen.

Especialmente grave está resultando el empecinamiento en la aplicación de la llamada doctrina Parot, contra el criterio del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Una doctrina que viola el principio de legalidad que, en cualquier democracia, limita la potestad punitiva del estado, que sólo puede castigar los delitos descritos en una ley anterior a la comisión de ese delito. La dispersión de los presos y la permanencia de muchas personas enfermas en prisión completan un cuadro contrario al más elemental principio de humanidad. Persisten, asimismo, el encarcelamiento y los procesos judiciales contra personas por su sola militancia política. Asimismo, permanece en el horizonte la amenaza de nuevos sumarios con los que procesar a militantes de la izquierda abertzale.

ELA exige que sea desmantelado todo el entramado judicial, legal y mediático construido al calor del llamado Pacto Antiterrorista –suscrito en 2001 por PP y PSOE y refrendado por UGT y CCOO, así como por varias confederaciones sindicales francesas–. Asimismo, ELA anima, con todo, a mantener el pulso de la unilateralidad, en cuanto estrategia clave de desbloqueo, de avance y de puesta en evidencia de la estrategia contraria a la solución que protagoniza el estado. Además, el sindicato quiere felicitar y animar el trabajo de las personas y organizaciones que tienen por objeto contribuir a un fin ordenado y justo de las violencias políticas, como es el caso del recientemente celebrado Foro Social por la paz impulsado por Lokarri, en el que ELA ha participado con una enorme ilusión.

Finalmente, ELA quiere subrayar y felicitar a toda su militancia en esta festividad. Construir una nación justa y solidaria, fortalecer y blindar un marco vasco de relaciones laborales y protección social, y alcanzar nuestra soberanía nacional constituyen la principal motivación de nuestra militancia sindical. En plena crisis económica y sistémica esa militancia resulta especialmente dura, exigente y contestada por los poderes constituidos. Creemos que el testimonio de coherencia diario de tantos luchadores y luchadoras constituye la mejor garantía para alcanzar en adelante mayores cotas de justicia y soberanía.