Euskera, ELA e Iñaki Garcinuño
Iñaki Garcinuño acusa a ELA de realizar una petición con intencionalidad efectista, por encima del fondo. Llega a preguntarse qué ha hecho ELA los últimos 40 años antes de hacer esta petición. ELA ha solicitado repetidamente en el Consejo de Relaciones Laborales (CRL) que quiere negociar en euskera, pero no ha habido ninguna respuesta. Incluso lo solicitó en una reunión en la que la patronal estaba presente. Es más, ELA ha tratado de negociar en euskera en unos convenios o acuerdos interprofesionales concretos, y el CRL ha obligado a personas no formadas a traducir simultáneamente la reuniones de forma muy precaria, lo cual ha dificultado las reuniones. En el caso del convenio de la enseñanza concertada, el CRL ni siquiera ha ofrecido ese apoyo precario y el resto de negociadores han tenido que buscarse la vida para entender a ELA.
Y ELA ha analizado qué medidas se han acordado en los convenios colectivos para normalizar la presencia del euskera en el mundo del trabajo. La presencia es absolutamente anecdótica. Por ejemplo, solo el 1,66% de los convenios recoge que se valorará el euskera en la contratación. Iñaki Garcinuño dice que este dato no es verdad. Me extrañaría que para afirmar esto haya analizado de uno en uno 1.499 convenios colectivos, tal y como ha hecho ELA. Y hablamos de las empresas más organizadas, pensemos lo que sucede en aquellas empresas que no tienen ningún convenio colectivo.
Entre otras cuestiones, esta marginación del euskera en los convenios colectivos es consecuencia de la falta de visibilidad del euskera en las negociaciones. Al igual que es más difícil abordar la igualdad de género si no hay mujeres representadas en las negociaciones, es complicado que se aborde la igualdad lingüística si únicamente el castellano esta presente. Y ELA hizo público su compromiso en dicho sentido, que para empezar no va a renunciar a hablar en euskera en 27 de las negociaciones. ELA no acusó a nadie, adquirió un compromiso. ELA solo acusó a la patronal de bloquear cualquier medida en favor del euskera, en el caso de CEBEK o CONFEBASK eso es sistemático, tal y como sucedió cuando tratamos propusimos junto a LAB y Kontseilua extender los planes de euskera en las empresas en 2022.
Evidentemente, aspiramos a que en todos los espacios, también en las negociaciones en las empresas, el euskera tenga presencia. Ojalá las empresas fueran activas en este sentido. Al igual que es absolutamente excepcional que una empresa o patronal se acerque a los sindicatos con intención de negociar un convenio (suelen preferir que no haya convenios) y solemos ser los sindicatos quienes activamos las negociaciones, con el euskera pasa exactamente lo mismo. Hasta que ELA o LAB hacemos una petición, las empresas y patronales no suelen hacer nada.
ELA aspira a que colectivamente se disponga de medidas y medios para que todas las personas que quieran vivir y trabajar en euskera puedan hacerlo. Por ejemplo, aprender euskera sigue sin ser gratuito, o existen modelos educativos que únicamente garantizan el conocimiento del castellano del alumnado, o las condiciones de trabajo precarias que están imponiendo las empresas dificultan disponer del tiempo suficiente para acudir al euskaltegi. Mientras el conocimiento del euskera no se haya generalizado, las instituciones deberán poner los medios para que no se vulneren los derechos lingüísticos de nadie. Entre otras cosas, porque si el euskera no tiene presencia en ningún lado, aprenderlo no tiene sentido. Iñaki Garcinuño sugiere que las personas que quieren vivir en euskera deben aceptar que no lo podrán hacer. No nos parece un punto de consenso aceptable. No se puede normalizar que quien quiera vivir en euskera debe “fastidiarse” por no ser algo realista.
Pregunta el anterior presidente de CEBEK si ELA es coherente internamente con lo que solicita públicamente. ELA no es ajena a los problemas sociales y el sindicato tampoco puede garantizar los derechos lingüísticos de todas las personas que acuden al sindicato en todo momento. Pero tratamos de poner los medios para superar esas situaciones. Por ejemplo, en las reuniones internas del sindicato, a falta de ayudas públicas, organizamos de forma militante que cada cual pueda hablar en el idioma que quiera y, a día de hoy, la vida orgánica se realiza fundamentalmente en euskera. El señor Garcinuño puede estar tranquilo.
Por último, la presidenta de CONFEBASK mintió públicamente sobre la propuesta de ELA (dijo que ELA nunca ha solicitado realizar una negociación en euskera aunque, por ejemplo, lo haya hecho en la negociación del acuerdo interprofesional por un SMI propio). El señor Garcinuño podría pedir a su presidenta que rectifique. De paso, también podría pedirle que acepte la reunión que ha solicitado ELA para abordar esta cuestión y en ella exija al CRL que ponga medios para garantizar todos los derechos lingüísticos, tal y como corresponde a un organismo público. Y, por último, puede solicitarle que deje de poner obstáculos cada vez que le proponen negociar medidas para normalizar el uso del euskera en las empresas, tal y como ha hecho CONFEBASK una y otra vez.