Ertzaintza: ¿Réquiem por ELA o… por todo?
Tras la dictadura, ELA tomó una decisión, arriesgada y anómala (y vista con perspectiva, puede que un poco ilusa): decidió estar presente en la policía integral que reconocía el Estatuto de Gernika.
No obstante, decidió estar en la policía en un contexto muy singular, pero no a cualquier precio ni de cualquier manera, sino como sindicato de clase y abertzale. Esto suponía defender las condiciones de trabajo, pero también defender un proyecto de país y modelo de policía muy concreto. Un modelo en las antípodas de la experiencia histórica de policía y cuerpos paramilitares de la dictadura y de los primeros años de la Transición en un contexto donde el “!que se vayan!” era una demanda muy presente en la sociedad vasca.
Se iba a crear un cuerpo policial ‘ex novo’, partiendo de cero. Y cuando se crea algo nuevo, siempre hay una oportunidad. ELA vio la oportunidad de crear una policía distinta, al servicio de la ciudadanía, escrupulosa con los derechos humanos y libertades, desde la diversidad de nuestro pueblo, conocedora de la idiosincrasia, cultura, costumbres e idioma de este país, y compuesta por personas que mostraran la diversidad de la ciudadanía.
Vista la situación actual de la Ertzaintza, y el resultado electoral de ELA (un representante de 60; es decir, 59 son de organizaciones corporativas; llamarles sindicatos implicaría reconocerles una perspectiva de clase de la que carecen), está claro que el objetivo no se ha cumplido. Esa representación sindical refleja de manera muy nítida lo que hoy es la Ertzaintza, una policía regida por instituciones muy alejadas de las inquietudes y necesidades de la clase trabajadora vasca. ELA habrá cometido errores en la búsqueda de ese objetivo, pero existen otros actores con mayor responsabilidad en este resultado.
El Gobierno Vasco es uno de ellos. Sabin Etxea fue el autor intelectual de la escisión que sufrió ELA en la Ertzaintza y que supuso la creación de Esan. Una decisión en concordancia con aquel tiempo político, simplificando la división social entre “demócratas y violentos” impulsada desde el Pacto de Ajuria-enea, algo que ELA, como otros agentes sociales, quería superar. ELA trabajaba, entonces como hoy, en construir un escenario sin violencias hacia la emancipación de nuestro pueblo. En contraste, cómo no recordar al lehendakari Ardanza, en un funeral de un ertzaina afiliado a ELA asesinado por ETA, increpando al entonces secretario general de ELA, Joxe Elorrieta: “¿Cuántos muertos necesita ELA para romper su relación con LAB y con la izquierda abertzale?”.
En coherencia con ello, el Gobierno Vasco ha fomentado un modelo policial para diseñar el tipo de sociedad que le conviene: la apuesta por políticas neoliberales que desatienden las necesidades sociales. Las organizaciones corporativas que suman casi toda la representación entre los y las ertzainas nunca cuestionarán estas políticas neoliberales, por su nula conciencia de clase. Por tanto, cuestionar el modelo coercitivo de policía no va a ser nunca su alternativa.
Militantes de ELA, agentes de la propia Ertzaintza, han trasladado a los diferentes consejeros de Seguridad su preocupación sobre la deriva de la Ertzaintza en materias clave como la formación, la selección o la dañina subcultura policial, etcétera. Nadie, hasta el momento, ha tenido la altura de miras ni la capacidad de valorar esa aportación, ni siquiera para tenerla en cuenta en una deriva que se ha acentuado a ojos vista en los últimos tiempos.
Altura de miras que también le ha faltado a la izquierda política de nuestro país, que tras años de campañas contra la Ertzaintza, ahora ve necesario realizar un esfuerzo por recuperar el objetivo para el que nació. Aunque el cambio es bienvenido y muy necesario, las posiciones fijadas en el pasado tienen consecuencias que habrá que revertir.
Además de dejar a ELA muy sola en el esfuerzo de construir otro modelo policial, dichas posiciones han dejado todo el espacio a la derecha y a la extrema derecha, que han utilizado la seguridad y la policía como herramienta para lograr un puñado de votos y afianzar las bases de un modelo policial que está en las antípodas de lo que este país necesita. A día de hoy, la izquierda carece de una propuesta concreta para la construcción de un modelo policial alternativo. Y esa propuesta es urgente, no solo para recuperar la Ertzaintza, sino también para frenar su expansión a las policías municipales.
ELA va a seguir trabajando y planteando propuestas sobre el modelo policial que este país necesita. Quien quiera transitar ese camino, tendrá en ELA a una organización aliada, porque nuestro pueblo, la clase trabajadora de nuestro país y la militancia de ELA en la Ertzaintza lo merecen.