ELA exige a los gobiernos de Gasteiz e Iruñea que cambien el modelo de formación para el empleo
ELA se opuso -razón por la que abandonó la Fundación HOBETUZ- al cambio del modelo de formación para el empleo que el Gobierno Vasco implantó en la CAPV de acuerdo con CONFEBASK, CCOO y UGT. También hemos denunciado que ese sistema ha funcionado desde el principio en Navarra; un modelo que copiaba y extendía al ámbito vasco el existente en el Estado y que ha mostrado ser un fracaso desde el punto de vista de la calidad del sistema formativo.
Desde un principio ELA denunció que mediante ese sistema se permitía la proliferación de “chiringuitos” de formación, creados por la patronal y los citados sindicatos, en donde lo esencial no era la formación, sino la financiación de las organizaciones que las habían impulsado. Los últimos datos nos muestran que en la CAPV Confebask, CCOO y UGT se autoasignan más de un tercio de los fondos públicos destinados a estas partidas.
ELA ha defendido siempre, y lo sigue haciendo, que la formación se hiciera a través de los centros homologados de formación profesional reglada. El modelo por el que se optó despreció una formación para el empleo de calidad y, de paso, atrapó a CCOO y UGT en un sistema de financiación que terminó condicionando su autonomía: todos los gobiernos de todas las Comunidades Autónomas y el del Estado sabían qué hacían y por qué.
En el tiempo transcurrido esos gobiernos han despreciado reiterados informes como los del Tribunal de Cuentas y de la Cámara de Comptos que denunciaban la utilización espuria de los fondos públicos. Y los únicos cambios que se han realizado fueron para hacer simples adaptaciones que no implicaran un cambio del sistema.
ELA, DISPUESTA A HABLAR PARA ACABAR CON ESTE SISTEMA
ELA quiere recordar que en las conversaciones bilaterales mantenidas al inicio de la legislatura con el gobierno de Urkullu (en Navarra, el Gobierno sigue sin reconocer a las organizaciones que no formamos parte del llamado “diálogo social”) exigimos que se procediera a cambiar el sistema y que, si esa era la decisión que adoptaba, ELA estaba dispuesta a entablar conversaciones. No hemos visto ninguna decisión de este gobierno para cambiar este modelo, a pesar de reconocer que todo lo que ELA denuncia es cierto.
En una coyuntura como la que atravesamos -dura crisis-, en la que es evidente la falta de política industrial (aunque los gobiernos hablen de ella), mantener este sistema que dilapida dinero público nos parece algo intolerable