ELA ha participado en el acto popular por el desarme en Baiona y muestra su alegría porque el proceso se ha completado con éxito
Esta concentración masiva tenía también como objetivo apoyar el desarme y el fin definitivo de toda violencia política en Euskal Herria. Finalmente, este día pretendía interpelar a los Estados francés y español para pedirles que contribuyan, también ellos, a la distensión y al diálogo en Euskal Herria.
El manifiesto se ha leído en cuatro idiomas, en euskara por Estitxu Eizagirre, directora de la revista Argia, en francés por Louis Joinet, ex-magistrado y ex-experto del Comité de los Derechos Humanos de la ONU; en castellano por Fernando Armendariz, miembro del Foro Social; y en inglés por la escritora Susan George.
Manifiesto de Baiona
1.- Quienes aquí estamos decidimos que el día del desarme sería “nuestro” día. Fue una decisión extraña, una osadía si se quiere… Y pudimos no habernos atrevido.
Pero, aunque sea así, decimos que no ha sido una ocurrencia, ni mucho menos algo improvisado.
El del desarme es nuestro día porque lo hemos meditado, lo hemos compartido, lo hemos ponderado.
También otros y otras lo han hecho y han decidido no estar hoy entre nosotros. Los miramos con respeto, los reconocemos, y dirigimos a ellos también nuestra palabra
2.- No somos todo el pueblo, es verdad, pero nadie puede ni podrá negar que hemos venido a Baiona de todo el país, de todas sus tierras, de todas sus gentes y de sus más encontradas sensibilidades.
Y llegados aquí sentimos que, en adelante, será más difícil, quizá sea imposible, seguir apelando al pueblo y a sus gentes para no construir la paz
3.- Quienes estamos aquí compartimos algo sencillo de explicar:que la paz no es tan sólo ausencia de violencia…e igualmente compartimos que con violencia no hay paz.
Por eso el desarme era importante, porque era un paso imprescindible en el camino de la paz.
El desarme ya se ha producido hoy este hito cierra un capítulo de nuestra historia llena de dolor y de muerte y de agonía que queremos dejar atrás… pero no sin mirar atrás
4.- Nuestro corazón y nuestro recuerdo se vuelven de inmediato hacia el rostro de las víctimas, hacia todas y cada una, las pasadas y las presentes, las conocidas y las que no lo son, las de estas armas y las de todas las armas.
Sobre ellas, sobre todas ellas, pesa una tragedia y no nos ha sido fácil –no todos ni todas pudieron– llegar hasta este día sin sucumbir a la desesperación.
Porque la paz no es tan sólo ausencia de violencia miramos a las víctimas y comprometemos un futuro de recuerdo y reconocimiento, queremos hacer verdad y justicia y decirles, “no volverá a pasar”, “no volverá a pasar”.
5- Nos convocamos a anticipar el futuro de convivencia y concordia del que fueron privadas, y a enderezar las sendas para la nuevas contiendas –sí, ¿por qué no?–humanizantes y civilizadoras.
Nos convocamos también a no pervertir su memoria para el beneficio propio o el perjuicio ajeno.
6.- Nuestro recuerdo no solo mira al pasado sino también a un presente doloroso como el de las personas presas y el de sus familias y allegados.
Creemos que nadie pierde –todas y todos ganamos– si la ley y la política se vuelcan al presente, si termina el alejamiento y son traídos a Euskal Herria, a su entorno, si se excarcela a los enfermos y a quienes han cumplido su pena.
Apostamos por que su vuelta a casa se realice lo antes posible.
Porque también es necesario debe ser posible.
7. Hace casi seis años, en Aiete, se dijo que la paz requiere “valentía, voluntad de tomar riesgos, compromisos profundos, generosidad”.
Porque era necesario lo han hecho posible: para ellos y ellas, artesanos, artesanas, un abrazo que es reconocimiento.
Porque ha sido artesanía dejar en esta obra la marca desigual e imperfecta, – humana, profundamente humana– de las manos que trabajan y trabajando añoran el descanso merecido, la paz que se promete.
Lo han hecho de material propio, el de este pueblo y algunas gentes, condenadas a producir el arte de vivir juntos que el tiempo valorará en su medida.
8.- De Aiete resta algo importante: que los gobiernos de Francia y España acepten hablar y ser hablados para tratar de lo que nos han dejado –y cómo nos han dejado–tantos años de violencias.
Debe ser también posible porque es del todo necesario.
Hay sociedad, hay agentes, hay electos e instituciones legitimadas, y hay comunidad internacional dispuesta a facilitar el diálogo que nos acerque a una paz justa y duradera.
Gracias a todos y a todas.
Seamos, todos, todas, juntos, artesanos de la paz.