“Hay que anticiparse a la situación de emergencia social, los cambios son urgentes”
-Este Primero de Mayo no saldremos a la calle, nos quedaremos en casa. Qué raro suena, ¿no?
-Si. Este año no podemos ocupar las calles, reunirnos, abrazarnos, aprovechar para estar con las y los militantes del sindicato... Después de más de cuarenta días de confinamiento se echan en falta muchas cosas, pero sobre todo este tipo de cosas, el contacto con la gente. Será un Primero de Mayo especial, sin duda. No podremos ocupar las calles pero, sin embargo, el mensaje que queremos trasmitir es un mensaje vital.
-No saldremos a la calle, pero eso no significa que no tengamos nada que reivindicar. El lema elegido para este año es 'Bizitza gara'. Es decir, 'Somos vida'. ¿Qué queremos reivindicar?
-Queremos subrayar qué es lo esencial para que la vida continúe, de qué sectores y empleos dependemos y del valor de lo colectivo y lo público como única garantía para hacer frente a desafíos tan graves como los que vivimos estos días. Esa conclusión nos lleva a una revisión de fondo sobre las políticas de austeridad que se han implantado en nuestro país.
Hace relativamente poco, el 30 de enero, salimos a la calle en una huelga general convocada por la Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria que reivindicaba precisamente eso, que la mejora de nuestras condiciones de vida se situase en el centro de la política. Ahora, apenas unos pocos meses después, una pandemia ha dejado en evidencia los límites y la insolidaridad de un modelo capitalista, heteropatriarcal y racista que está enfermo. Un sistema al que cuesta cada vez más respirar y que nos ahoga con sus recetas de austeridad y recortes. Esta pandemia ha demostrado que no estamos ante una crisis puntual, sino estructural.
En este contexto, me parece muy significativo que numerosos organismos y voces del mundo económico reconozcan ahora que este sistema es inviable. ¡Claro que teníamos razón!
-¿Qué podemos aprender de esta nueva situación?
-Muchas cosas, pero, entre otras, una de las lecciones que nos está dejando esta alarma sanitaria es saber qué es esencial para nuestras vidas. Hablamos de los cuidados, la salud, la limpieza, la alimentación... Estas trabajadoras son quienes con su esfuerzo están sosteniendo nuestras vidas.
Sin embargo, esos sectores que se han revelado como esenciales, son sectores precarios y feminizados en una parte muy importante. El reconocimiento social debería traducirse en un reconocimiento político para no quedarnos solo en los aplausos, sino también en la mejora de sus condiciones laborales. ELA ha presentado una propuesta para que se mejoren las condiciones laborales de estas plantillas, para publificar sectores como residencias y ambulancias o para terminar con la eventualidad del 40% de Osakidetza y Osasunbidea.
-¿Cuál ha sido la prioridad del sindicato desde que se inició el confinamiento?
-La defensa de la salud de la clase trabajadora está siendo la prioridad indiscutible de nuestra labor sindical, y así lo va seguir siendo en la fase de desescalada.
Hemos exigido coherencia entre el confinamiento social y la actividad económica, algo que nuestros gobiernos, en un acto de irresponsabilidad, no han querido escuchar. En los días más trágicos de la pandemia se obsesionaron con la apertura de algunos sectores no esenciales. Esto demuestra, en el caso de Urkullu, que su gobierno prefiere asesorarse por gestores que por científicos. Este gobierno se ha equivocado situando las prioridades, porque la salud pública no puede dejarse en manos de la patronal ni de intereses económicos. No se ha parado ni una sola empresa por incumplimiento de medidas de seguridad.
Nos han acusado de pedir hoy salud y mañana empleo. No, hoy pedimos salud y empleo, pero empleos que no nos cuesten la vida. Tenemos muy presente que tres meses después, dos trabajadores permanecen todavía sepultados en Zaldibar sin que se hayan asumido responsabilidades políticas sobre lo sucedido.
-La gente se pregunta cómo saldremos de esta alerta sanitaria...
-El fracaso del modelo neoliberal es más que evidente. El sistema público es quien está aguantando este sistema. Cuando se recortan los servicios públicos se debilitan las defensas colectivas de una sociedad. Por todo esto hay una conclusión indiscutible: sabemos mejor que ayer que, ante las grandes amenazas y retos, lo colectivo, lo público, lo que garantiza la igualdad de todas y todos, es lo único que nos puede salvar.
-Hay mucha gente que se va a salir en condiciones todavía peores de las que estaba antes de esta crisis. ¿Qué medidas habría que tomar para defender a esas personas, que son las más vulnerables en esta sociedad?
-Hay que anticiparse a la situación de emergencia social. De no hacerlo, las desigualdades sociales aumentarán. Uno de los principales debates es el nivel de inversión a realizar en la gente que peor lo está pasando. Es inadmisible, por ejemplo, la escasa dotación en el aumento de las ayudas de emergencia social del Gobierno vasco o el Gobierno de Navarra. Una medida positiva sería la puesta en marcha de una renta mínima individual no condicionada, sin trampas.
-¿Cuáles son las claves de las políticas alternativas en este momento?
-Es tiempo de un liderazgo público en la economía y las políticas sociales. Y es tiempo también de romper con la política de austeridad que impide aumentar la inversión y el gasto para salvar a la gente. Es tiempo diría, de cambios valientes y profundos.
Nuestros gobiernos, ahora más que nunca, deberían defender que es tiempo de redistribución, de acabar con beneficios fiscales de muchas empresas y de aquellos que más tienen. Esta es una vía para corregir desde ya la previsible bajada de recaudación.
Entre otras cosas porque por esta vía y el necesario aumento del endeudamiento van a ser imprescindibles para reactivar la economía y para proteger a una parte muy importante de esta sociedad que pueda estar en una situación muy difícil. Esas políticas de protección social van a ser claves para no dejar a nadie atrás.
En otro plano, hay que abrir también otro capítulo sobre la dependencia de la globalización y sobre lo que produce este país. Este es un país industrial en el que ha quedado en evidencia que no produce muchos de los bienes y materiales que se necesitan para garantizar la salud. De repente, de un día para otro, nos hemos dado cuenta de que apenas hay empresas que hacen mascarillas o respiradores.
Hay que abrir una reflexión sobre qué producir y cómo hacerlo, hay que pensar en la relocalización de empresas. En resumen, hacen falta cambios porque solo hay una opción justa y sostenible: avanzar en el camino de una transición social, feminista y ecologista.
-¿Éste es un mensaje para el Gobierno Vasco y el Gobierno de Navarra?
-También lo es, por supuesto, porque en este tiempo se necesita liderazgo público para revisar todas las políticas adoptadas hasta ahora. Esa es la primera pregunta ¿Cuánto de lo que ha quedado en evidencia en esta crisis está dispuestos a pasar a limpio? ¿O van a seguir igual?
Es evidente que se necesitan cambios. Pero esto no lo dice solo ELA, lo reconoce públicamente hasta el Financial Times, que no es precisamente una publicación de izquierdas. Hace poco desde este medio se defendía que hay que ir a un tiempo de liderazgo público, a otra estructura fiscal, a hablar de una renta mínima, del reparto de la riqueza... Si hay una cosa que ha quedado en evidencia son las carencias de un sistema que hace aguas por todas partes. Por eso, insisto, se requieren cambios profundos para abandonar esa política de austeridad.
El problema es cuando desde la política no se escucha, o, dicho de otro modo, solo se escucha a una parte como hacen el Gobierno de Urkullu y también el de Chivite, que solo escuchan a la patronal. Esto es más explicito sobre todo con el gobierno de Urkullu, como hemos visto estas semanas. Se ha distinguido también por una gestión unilateral y autoritaria, la única que conocemos, por cierto. La práctica del mando único que critica del gobierno de Sánchez es la misma que el Lehendakari ejerce en nuestro país para gestionar la desescalad, la vuelta al trabajo, sin consenso con los sindicatos.
Por todo esto, en este momento no veo ningún elemento para pensar que nuestros gobiernos vayan a cambiar su visión. Pero, por otro lado, la política neoliberal es ahora todavía más indefendible.
-Si, pero... ¿Se dan las condiciones para revisar las políticas que han agravado esta grave situación?
-Creo que ante toda la dificultad que ahora imaginamos también habrá oportunidades. Nuestras reivindicaciones han salido reforzadas. Por ello creo que es tiempo de perseverar, de presionar para que cambie la política. Nos va a tocar movilizarnos. Todas las organizaciones tenemos mucho que hacer, pero la izquierda política, la que está en las instituciones, tiene también que tomar notar de las urgencias de este nuevo tiempo para defender con convicción y praxis una agenda de impulso de cambios. Tienen que ver también que hay una oportunidad para poner en el centro de la política cuestiones que hasta ahora no han estado.
-Muchos trabajadores y trabajadoras están preocupadas. ¿En esta coyuntura qué puede aportar el sindicato?
-El sindicato es una herramienta de defensa colectiva. Tenemos que tenerlo muy presente. Cuando vienen mal dadas como hemos visto en esta pandemia es mejor defenderse y responder colectivamente. Sabemos que en el mundo del trabajo habrá situaciones muy diferentes; en algunos sitios la lucha por defender el empleo o por impedir recortes será fundamental como ya comprobamos en la crisis del 2008. Pero, en otros centros de trabajo, habrá que mantener una posición ofensiva. Por ejemplo, en esos sectores esenciales. A pocas hora del Primero de Mayo, por poner un ejemplo, las trabajadoras de LIDL están en huelga, por su seguridad y para mejorar sus condiciones de trabajo. Vendrán más huelgas, porque hay todavía mucho por lograr. En nuestra mano está organizar a la gente, hacer un trabajo de concienciación y ser consientes de nuestra fuerza. Eso es indispensable para mantener la ilusión y el compromiso, por que solo desde esa lucha imaginamos una salida diferente a la que nos preparan.