El Correo nos quiere más pobres
Basta leer tanto el artículo del 14 de junio titulado Los sindicatos pagan el peaje de llevar al límite la estrategia de confontación en Ayala, como el del 17 de junio: El coste de las plantillas vascas marca un máximo histórico al dispararse el 7%.
La realidad de Aiaraldea
Es una comarca donde la industria ha tenido un peso muy importante, que todavía mantiene. En muchas empresas se crea empleo y se alcanzan acuerdos positivos. Como ejemplo, en estas últimas semanas se han acordado los nuevos convenios de Tubacex y Artiach, con garantía de empleo e inversiones. Eso sí, cuando se han producido ataques al empleo o al futuro industrial, las plantillas han respondido.
El Correo señala varias huelgas, vamos a analizar lo ocurrido.
Tubacex: la huelga que evitó 129 despidos
En 2021, Tubacex trasladó que para la viabilidad de la empresa 129 compañeros y compañeras deberían ser despedidas. Después de 8 meses de huelga, el conflicto terminó... ¡sin ningún despido! La empresa continúa con su actividad y en los últimos años ha acumulado importantes beneficios. Y lo más importante: 129 personas han mantenido su empleo.
La verdadera historia de Tubos Reunidos
El Correo le ha dedicado muchas páginas. Podía haber analizado con precisión las razones de la deuda de la empresa, generada principalmente por un reparto injusticado entre los accionistas de 170 millones. Podía haber puesto el foco en el rescate de la SEPI por 112,8 millones y que la empresa no pretende devolver. Podía también analizar las razones por la que después de cerrar la acería de Trapaga y apostar por la acería de Amurrio, ahora la pretendía también cerrar. Podía también analizar las razones por las que otras empresas no sufren tanto por los aranceles de Trump y en cambio Tubos Reunidos, sí.
Ha preferido obviar lo importante, para colocar el foco en ELA y su oposición al ERE. Es cierto: ni ELA ni nadie ha conseguido que las dos plantillas trabajen por unos objetivos comunes. Hay quien defiende que la plantilla de Trapaga puede decidir los despidos de Amurrio y el cierre de sus instalaciones; a buen seguro, pensarían lo contrario si quienes trabajan en Amurrio decidiesen despedir a 274 personas de Trapaga.
De haberse aceptado el expediente que despedía a 301 personas, cerraba la acería y externalizaba la logística de Amurrio, no se habría solucionado ninguno de los problemas de la empresa, que ya estaba abocada al concurso. Se habría descapitalizado el proyecto industrial y las personas despedidas no habrían cobrado la indemnización prometida, ya que estaba condicionada a un acuerdo de financiación que en ningún momento ha estado cerca de lograrse. Además, acordar el expediente habría supuesto justificar sus causas y aprobar la gestión de la dirección, aceptando los despidos actuales y facilitando un posible cierre futuro. Caso aparte son las investigaciones de la UCO y las dimisiones constantes de directivos.
Tubos Reunidos tiene un presente muy complicado, pero no lo han provocado los comités de Trapaga, ni Amurrio, ni de Iruña de Oca; ni la huelga en defensa del empleo. La responsabilidad de la situación de Tubos Reunidos es de los directivos, el consejo de administración y sus accionistas. Es obvio. ELA, por su parte, continuará apostando por el futuro de la empresa y de los puestos de trabajo del conjunto de la compañía.
Maderas de Llodio: Un ERE sin causas
La empresa planteó 39 despidos por la deslocalización de una parte de la producción. ELA ya denunció que el expediente no estaba justificado y el 18 de febrero el TSJPV decretó que “la empresa no ha acreditado debidamente las causas alegadas para justificar el despido”. Hace escasos días, la plantilla decidió poner término a la huelga al lograr la readmisión del personal despedido que quiera volver a la empresa. Es cierto que se va a producir una pérdida de empleo pero solo se producirá mediante personal voluntario. Sin la huelga no se habría conseguido la modificación de la postura de la empresa.
Mejores salarios: ¿buena o mala noticia?
El Correo también muestra su preocupación cuando se incrementan los salarios (no así cuando descienden). Es necesario recordar que en 2025, el IBEX 35 cerró con una revalorización anual del 49,27% y superando la cota de los 17.300 puntos. Fue su mejor ejercicio desde 1993 y el segundo mejor de toda su historia. Todo ello convive con una realidad donde cada vez más personas que trabajan tienen que solicitar la RGI para llegar a fin de mes, y acceder a una vivienda resulta imposible para una gran parte de la población.
Eso sí, es el aumento de los salarios lo que preocupa a determinada prensa, cuya tesis es la siguiente: cuanto menor sea el salario y más alta la jornada, mejor para el futuro de la industria y de la clase trabajadora. En la CAPV se abonan los salarios más altos del Estado, un 26,6% por encima de la media. Las jornadas son a su vez las más bajas. La tasa de desempleo compite para ser también la menor del Estado. Es más, en las CCAA donde los salarios son más bajos y las jornadas más altas, el desempleo es mayor. Es evidente que la tesis del periódico del grupo Vocento no se sostiene.
En Hego Euskal Herria las condiciones laborales son sustancialmente mejores, y tanto la patronal como sus medios de comunicación saben que ELA es la clave principal de esta realidad sociolaboral. Eso explica su beligerancia contra el sindicato.
Conflictividad e inversiones
Los dos sindicatos mayoritarios en el resto del Estado (CCOO y UGT) apuestan por el diálogo social, y la conflictividad es muy baja, pero ello no ha evitado que el peso de la industria haya decrecido. Renunciar a mejores condiciones laborales no garantiza inversiones: solo garantiza... peores condiciones laborales.
Para El Correo, es un problema que la clase trabajadora tenga buenos salarios, porque el beneficio empresarial se resiente. Desde su visión, el papel de los sindicatos es el de acompañar las decisiones de las direcciones aunque supongan despidos o cierres. Los sindicatos que acepten estas premisas serán “responsables”. La posición de ELA a favor de un reparto justo de la riqueza y de un futuro industrial para todas y todos explica la beligerancia que sufre por parte de determinados medios.
Estas líneas están dedicadas a todas y todos los militantes de ELA que se están enfrentando a conflictos largos. Nadie quiere ser protagonista de estas situaciones. De la noche a la mañana puede tocar organizar una huelga para salvar empleos y/o pelear por el mantenimiento de la actividad. ¡Cuánto se aprende en estas situaciones! Cuánta injusticia, pero también cuánta solidaridad. Hay que enfrentarse a una leyes diseñadas para facilitar el despido y en muchas situaciones a coberturas informativas que buscan justificar cualquier decisión empresarial. Aún así, luchar siempre merece la pena, y la militancia de ELA lo sabe.