Tras el M17, no hay marcha atrás. SMI 1.500 euros: No pararemos hasta que se decida aquí
La Huelga General del 17M fue una demostración de fuerza de la clase trabajadora vasca. Hace más de un año, se puso en marcha la dinámica por un salario mínimo acorde con la realidad del país, por tres motivos:
1) El SMI estatal no alcanza para hacer frente a los precios de la alimentación, de la electricidad, de la vivienda.
2) Elevar el salario mínimo es una medida que combate la brecha salarial machista y racista.
3) Hay que poner pie en pared ante la devaluación de los salarios, la destrucción del empleo industrial y una patronal que está obteniendo unos beneficios récord.
El salario mínimo propio es una medida necesaria, justa y viable. La patronal y los Gobiernos despreciaron la iniciativa sindical y se pusieron de acuerdo para cerrar las dos vías que habían puesto en marcha, la vía de la negociación colectiva y la vía política. Pues bien: gracias al 17M se han vuelto a abrir ambas vías.
Mediante la huelga, la sociedad vasca ha defendido con firmeza la reivindicación del SMI propio y ELA lo tiene claro: "Hoy estamos más fuertes que ayer, y tanto los partidos políticos como las patronales se han dado cuenta. No pararemos hasta conseguir el objetivo".
El Gobierno Vasco y el Gobierno de Navarra, así como el conjunto de los partidos políticos, deben impulsar la modificación legal necesaria para que ambos Gobiernos adquieran la competencia de regular un SMI superior al estatal. Hay que ampliar la capacidad de decidir de las instituciones de Hego Euskal Herria sobre las condiciones de vida y de trabajo de la clase trabajadora. Si bien el Parlamento de Navarra rechazó por tres votos dicha propuesta (al votar en contra el PSN y Izquierda-Ezkerra, junto con PP-Vox), los sindicatos van a insistir en todos los ámbitos para que prospere su iniciativa. A corto plazo prevén la presentación de una proposición de ley en el Congreso español por parte de varios partidos políticos que posibilitaron la investidura del Gobierno actual.
Por otro lado, las patronales Confebask y CEN no pueden mirar para otro lado: tienen la obligación legal de negociar, en este caso, un SMI de 1.500 euros para el ámbito laboral. La cuestión también les incumbe, por mucho que traten de echar balones fuera.
El éxito de la Huelga General se puede medir por el nivel de activación sindical y social que ha logrado: la adhesión de 1.700 comités de empresa; cientos de asambleas en los centros de trabajo; 136 comités de huelga en pueblos y barrios; más de 125.000 personas en las seis manifestaciones del mediodía y decenas de miles en las 85 manifestaciones celebradas por la tarde. El seguimiento registrado desde primera hora de la mañana en la industria fue muy amplio y después se fueron sumando a la huelga la educación, los servicios públicos y otros sectores.
Además, hay que destacar el impacto mediático, social y político. El 17M no fue un día normal. La voz de la clase trabajadora vasca se escuchó en los centros de trabajo y en la calle. El salario mínimo propio, y en general el reparto de la riqueza, se ha situado en el centro del debate político y social.
El secretario general de ELA, Mitxel Lakuntza, realizó una valoración positiva de la huelga general, subrayando que la reivindicación de un salario mínimo propio no es únicamente económica, sino que también tiene un claro componente político. “Uno de los principales logros de la movilización ha sido situar esta demanda en el centro del debate público y aumentar la presión sobre partidos políticos y patronal”.
En concreto, respecto a Confebask, Lakuntza critica que, por el momento, “ni siquiera dé la cara”, una actitud que considera injustificable. Además, recuerda que esta medida no solo mejoraría las condiciones de los sectores más vulnerables, sino que también impulsaría una subida generalizada de los salarios.
Por otro lado, Lakuntza señala que en Madrid sigue abierta la vía institucional. Tal y como explica, es necesario modificar el artículo 27 del Estatuto de los Trabajadores para permitir que Euskadi y Navarra puedan fijar su propio salario mínimo.
Como en las mejores películas, esto no se ha acabado, todavía hay más. Continuará…
LA HUELGA, UNA OPORTUNIDAD PARA LA POLITIZACIÓN
Para ELA es un reto que la huelga sea una herramienta para politizar a la gente y paralizar la producción. Dicho esto, en Euskal Herria la producción sufre un frenazo mucho más fuerte que en cualquier otro territorio europeo. El 17 de marzo militantes de ELA de Iparralde vinieron a Hegoalde a vivir la jornada; se quedaron asombrados con lo que vieron. La realidad es diferente en cada territorio y sector (igual que la correlación de fuerzas de la clase trabajadora), y no nos podemos conformar con el actual modelo de huelga, pero los logros deben valorarse en su justa medida.
Las transformaciones sociales o las herramientas movilizadoras como la huelga no son fotos fijas; se construyen y deconstruyen. Por eso hay que analizarlas en proceso. En comparación con las últimas huelgas generales hemos marcado un punto de inflexión. Además de reclamar la mejora del salario mínimo, en esta convocatoria nos hemos planteado un desafío, el de mejorar el seguimiento de la huelga y, sobre todo, ampliar los ámbitos de decisión colectiva (que en los últimos años estaban en retroceso). Los centros de trabajo donde se ha decidido ir a la huelga en asamblea y por votación colectiva se han duplicado en relación a la huelga general de 2020, y en casi todas las empresas donde se ha votado el resultado ha sido favorable a la huelga. No es suficiente, pero para la próxima huelga hemos creado las condiciones para hacer este ejercicio aún en más centros de trabajo.
La situación actual no nos vale, por supuesto. Pero damos valor a lo realizado. Al realizar las asambleas de esta manera creamos conciencia de clase trabajadora, el debate colectivo en torno a los motivos de la huelga se convierte en una oportunidad para politizar a las trabajadoras y trabajadores, y la gente que quiere hacer huelga obtiene un respaldo colectivo.