Las tragedias de la alta velocidad resuenan en Euskal Herria

05/11/2026
Las tragedias de la alta velocidad resuenan en Euskal Herria
Aitor Murgia, responsable del Gabinete de Estudios
Pedro Sánchez ha afirmado que la confianza en el sistema de alta velocidad está quebrada. No es para menos después de las alrededor de 115 personas que han fallecido este año en los dos trágicos accidentes de Adamuz y Urda. Lo primero es trasladar nuestras condolencias y solidaridad a las familias de las personas fallecidas y a las personas afectadas. Lo segundo es investigar qué ha sucedido y exigir responsabilidades.

El Gobierno de Sánchez, con la dimisión de Oscar Puente por el camino, se ha afanado en individualizar el problema, poniendo el foco en el error de un trabajador como si este fuera el camino de salir indemne de la situación. Feijóo ha olido sangre y ha esperado a que pasen los días de mayor duelo para sacar la artillería con la vista puesta en las elecciones. VOX, como partido fascista, miserable y sin escrúpulos, no ha dejado ni un día de luto para tratar de sacar rédito político.

El sistema de alta velocidad del Estado español hay que entenderlo en un lógica neoliberal desde su inicio hasta el día de hoy. Un sobredimensionamiento de la red viaria (la segunda red más grande del mundo después de la China), un coste de construcción extremadamente elevado en el que miles de millones de euros caen en manos de empresas constructoras con la connivencia del gobierno de turno, liberalización de las operadoras, inversión insuficiente en mantenimiento y un coste medioambiental sin precedentes en cuanto a emisiones en la construcción, destrucción de habitats y ocupación de espacios naturales. En definitiva, un modelo sin rentabilidad social y económica.

Lo que ha ocurrido en el Estado español resuena necesariamente en Euskal Herria. El TAV es la versión vasca del neoliberalismo desarrollista. Una obra que hace 20 años se estimaba en 4.178 millones de euros y ahora se ha duplicado hasta los 9.000 millones. Un recorrido en el que el 60% son túneles y el 10% puentes (AHT Gelditu), con el coste medioambiental y económico que supone. Una obra basada en la precariedad laboral y la explotación en su construcción, tal y como pudimos constatar en el libro que publicamos en ELA Zuloan: bidaia bat AHT eta lan-esplotazioan barrena. Un proyecto respaldado, sobre todo, por el PNV y PSE en la CAPV y UPN, PSN y Geroa Bai en Navarra, con la complicidad de PSOE y PP en el Estado español. Todos ellos han impulsado la que es posible que sea la peor política pública de la historia de Euskal Herria.

El pasado 5 de junio, día internacional del medioambiente, en ELA realizamos una jornada para hablar sobre la movilidad y tratar de buscar alternativas al modelo capitalista actual de movilidad masiva. En dicha jornada, David Hoyos, profesor e investigador de la EHU, afirmó que el TAV no van a ser nunca rentable ni económica, ni social, ni medioambientalmente. Los accidentes de este año demuestran que tampoco es un medio seguro, si es que hay algún medio de transporte terrestre que pueda ser seguro cuando supera los 300 kilómetros por hora.

La rentabilidad, esa variable que ha condicionado todo durante décadas, orientada a la captura corporativa y al negocio. Sin embargo, la rentabilidad empresarial es incompatible con el mantenimiento de la red viaria, con la inversión en seguridad o con la cohesión territorial. Tampoco la liberalización de la alta velocidad llevada a cabo desde el año 2020 ha supuesto grandes cambios. La entrada de OUIGO, Iryo y AVLO para fomentar la competencia y bajar los precios solo ha traído nuevos pasajeros en las líneas más concurridas y un empeoramiento del servicio (. No es de extrañar que solo sea económicamente rentable la conexión Madrid-Barcelona, mientras las demás son deficitarias.

¿Cuánto va a costar un viaje del TAV de Bilbao a Donostia? Más allá de trabajadores de cuello blanco, ¿va a merecer la pena?. ¿O se va a subvencionar el precio del ticket o se va a liberalizar la alta velocidad para tratar de bajar los precios? Nada va a hacer rentable el coste de construcción y de mantenimiento del TAV, ni la perforación de nuestros parques naturales. Por no hablar del coste de oportunidad de construir semejante infraestructura. ¿Qué otra red de ferrocarril de menor velocidad e impacto podríamos haber desarrollado en Euskal Herria? ¿Cuántos recursos disponibles tendríamos para otras infraestructuras necesarias como vivienda protegida en alquiler, hospitales, residencias, transporte público o centros educativos?

Lo que ha ocurrido en el Estado español cuestiona, más si cabe, el modelo del TAV de Euskal Herria. Desde ELA llevamos décadas cuestionando el model TAV y reivindicando la necesidad de potenciar el ferrocarril social como medio de transporte más adecuado para cubrir las necesidades económicas, sociales y medioambientales. Por eso, la red ferroviaria debe unir pueblos, comarcas y territorios, generar una alternativa al transporte por carretera, posibilitar el transporte de mercancías y personas y priorizar la utilización y la mejora de la infraestructura actual. Cualquier nueva construcción debe estar orientada a satisfacer las necesidades de las personas. El criterio social debe estar en el centro. Y si para ello tenemos que tardar un poco más, no pasa nada. Pero llegaremos.