Rana Plaza en la memoria
Lo ocurrido allí no fue un accidente, sino una masacre preanunciada. Los propietarios de la planta sabían que el estado del edificio no reunía las condiciones para trabajar en él, entre ellas por las grietas y fisuras apreciables aparecidas en el edificio antes del 24 de abril. Sin embargo, los propietarios del edificio obligaron a los trabajadores a ir a trabajar poniendo de manifiesto la situación de explotación en la que vivían las trabajadoras. Y el porqué de esto es claro: para perpetuar el sistema en el que vivimos, esta estructura social basada en el capitalismo, el heteropatriarcado y el colonialismo, necesita de los cuerpos y las vidas de las mujeres*, mientras que las ropas baratas tejidas con su sudor llenan las tiendas occidentales.
La industria textil global actual se basa en el trabajo precario y la explotación de las mujeres, más aún en la explotación de los territorios del sur global y de sus mujeres*; sin condiciones laborales dignas, con salarios bajos, jornadas interminables, sin garantizar la seguridad y, por supuesto, sin ninguna garantía en salud laboral.
El terrible suceso de Bangladesh es, desgraciadamente, es de gran actualidad. Y es que nuestra sociedad vive en un modelo de consumo salvaje que no es casual, sino fruto de toda una estructura que se organiza de forma interesada. La riqueza de unos pocos y la acumulación de capital se sustenta en la pobreza y la explotación de otros muchos y, sobre todo, en la explotación de las mujeres*. Más aún en las mujeres migradas y racializadas y en las mujeres trabajadoras* del sur global.
Lo que ocurrió en la Plaza del Rana es un reflejo de las guerras y las lógicas de poder que se dan a nivel mundial. Una forma más que adopta la violencia que se aplica en los cuerpos de las mujeres*. Una más de todas las formas de violencia que sistemáticamente sufrimos. En cada cuerpo y en cada territorio las violencias aterrizan en formas muy diversas, todas ellas sustentando el sistema capitalista cisheteropatriarcal colonial y racista en el que vivimos.
Por todo lo dicho, hacer ejercicio de memoria desde el País Vasco, un día como hoy, no es sólo rememorar lo ocurrido. Debemos seguir interpelando a los responsables de la masacre respecto al suceso de Rana Plaza, pero también denunciar cualquier mecanismo y herramienta de explotación en marcha en beneficio del sistema que siguen sosteniendo en la actualidad. Empezando por los gobiernos de esta tierra en la que vivimos.
Por otro lado, debemos asumir también nuestras responsabilidades individuales y colectivas, tomar conciencia del lugar que ocupamos en la cadena global de la explotación y dar pasos para cambiar nuestras prácticas como consumidores. Observando cuándo, cómo y dónde compramos, por ejemplo.
Desde la Marcha Mundial de las Mujeres en el País Vasco*, por un día como hoy, hacemos un llamamiento a no olvidar lo ocurrido, a completar la memoria colectiva y a que aquel hecho no quede en el olvido. La memoria es un instrumento de lucha porque mirar al pasado puede marcar el camino de la construcción del futuro a favor de las vidas no violentas.
RANA PLAZA GOGOAN.
GORA BORROKA FEMINISTA!