Posición de ELA ante la intervención militar en Libia
2.Durante años los gobiernos de los países occidentales han dado cobertura a esos regímenes, aliándose con ellos en base a intereses económicos o geo-políticos y dejando de lado los derechos humanos y las condiciones de vida, de trabajo o sociales de la población.
3.Son los pueblos los que están siendo los verdaderos protagonistas de las revueltas, ante las que la comunidad internacional ha mantenido una actitud pasiva, aceptando los hechos a medida que se han ido produciendo. Así la Unión Europea y los gobiernos de la misma se han resistido a admitir los cambios en Túnez y Egipto hasta que no les ha quedado más remedio. Del mismo modo, están mostrando una actitud distante y pasiva ante la represión violenta que los regímenes de Siria, Yemen o Bahrein están llevando a cabo contra sus poblaciones.
4.Esta forma de actuar tiene mucho que ver con la hipocresía que prima en el campo de las relaciones internacionales. Masacres sangrantes, como las que se llevan a cabo contra los pueblos palestino o saharaui, quedan sin respuesta, pese a la existencia de resoluciones de las Naciones Unidas. Las relaciones e intereses económicos y políticos con Marruecos o Israel pesan mucho más que los derechos humanos. También cabe recordar que existen muchos conflictos olvidados, como puede ser el caso de Costa de Marfil.. Estamos ante una posición hipócrita porque en realidad no hay una preocupación ni una política internacional que pretenda más democracia o el reconocimiento de los derechos económicos, sociales o culturales de los pueblos.
5.La ONU, que debería tener un sistema de toma de decisiones democrático, y que es el único organismo actualmente existente que podría tener la legitimidad necesaria para intervenir en las situaciones de vulneración de derechos, está totalmente desprestigiada.
6.La resolución 1973 de la ONU, en la que se basa la actual intervención militar en Libia, responde teóricamente al objetivo de salvaguardar la integridad de la población civil ante la violenta represión con la que el régimen de Gadafi está respondiendo a las movilizaciones de protesta.
7.ELA no apoya la intervención militar en Libia, toda vez que:
· Se sigue actuando con una gran hipocresía y una doble (o múltiple) vara de medir.
· Siguen primando los intereses económicos.
· La resolución cada día se interpreta de distinta manera (no están nada claros los fines; el control desempeñado por la OTAN;; las vías violentas utililizadas también suponen consecuencias nefastas para la población civil,…).
· No se han agotado las vías alternativas (diplomacia, económicas,…).
· Nada garantiza que el resultado sea el respeto a los derechos humanos en Libia. (Los antecedentes de Afganistán o Irak no animan al optimismo).
8.ELA exige, tanto a los gobiernos como a la comunidad internacional, el respeto a la voluntad de los pueblos, para que puedan decidir libremente su futuro, sin imposiciones violentas o militares. Conflictos de esta naturaleza demuestran la incapacidad de la comunidad internacional para dar respuesta a estas situaciones. ELA igualmente reclama que se aborde la urgente creación de un nuevo orden internacional con legitimidad política, en el que primen los derechos humanos, económicos y sociales, y en el que el multilateralismo sea real.