La Comisión Europea trabaja para imponer políticas de derechas
No es casual que la Comisión insista en estas cosas ahora. Para aplicar los ajustes que está decidiendo el poder económico cada uno tiene otorgado un papel y el de la Comisión es orientar las políticas que deben hacer los gobiernos respectivos y hacer de policía para que se cumplan. Con ese posicionamiento tan antisocial la Comisión pretende hacer más fácil a los dirigentes de los respectivos países las decisiones que se quieren tomar.
La Comisión cumple el papel de ariete. Para ello, se hace eco de análisis catastrofistas liderados por el poder financiero, que tienen un claro componente ideológico. Oculta que el objetivo final no es preservar las pensiones públicas sino dar pasos para su privatización y así ampliar el negocio de los Bancos en la gestión de los fondos privados.
El debate de las pensiones, en opinión de ELA, no se puede hacer al margen de temas tan importantes como la fiscalidad. Padecemos una política fiscal que trata de manera privilegiada a las rentas altas y de capital y que no persigue el fraude fiscal; una política fiscal que, a pesar de ese trato privilegiado, ni tan siquiera evita la fuga de capitales a paraísos fiscales. Sobre todo esto la Comisión no dice nada en absoluto.
La Comisión no quiere analizar el desequilibrio habido en los últimos años en la distribución de la riqueza, la tremenda acumulación de capital que las políticas impulsadas por la propia Comisión y llevadas a cabo por los diferentes gobiernos han provocado. ELA acusa a la Comisión, que tan diligentemente trabaja para dar satisfacción a lo que exige el capital, de completa incapacidad para poner coto a los desmanes que el poder financiero ha causado.
ELA rechaza por demagógico e interesado ese planteamiento e insiste en que hay otras alternativas que la clase política gobernante se niega a contemplar. Por eso, entre otras cosas, nos venimos movilizando; por eso, no hay que dar ninguna cobertura a quienes plantean estas medidas.