ELA ante el Aberri Eguna de 2002
A lo largo de los ya más de noventa años de vida de nuestra organización sindical han variado los regímenes y los contextos políticos, y las actitudes del estado respecto de la realidad vasca han sido distintas, desde la más dura persecución hasta el reconocimiento de la singularidad y la concesión de instituciones de autogobierno. Se ha mantenido, sin embargo, una constante: la negación de cualquier sujeto de soberanía distinto al del pueblo español (o del francés, en lo que afecta a Iparralde).
La salida de la dictadura franquista y la instauración de un nuevo régimen pudo ofrecer la ocasión de encauzar definitivamente el contencioso histórico por vías de resolución. No fue así, ya que a las insuficiencias objetivas del nuevo marco se sumó el empeño de los poderes del estado y las mayorías políticas españolas de cercenar cualquier opción que aquél hubiera podido ofrecer para el reconocimiento de nuestro pueblo como sujeto político. El resultado es un marco que no admite más juego político que las cuestiones competenciales entre instituciones centrales y autonómicas, un juego que el estado administra de acuerdo con coyunturas y conveniencias políticas. La coincidencia básica de las mayorías políticas españolas en esta materia, la claridad y constancia de su posición, incluso el evidente auge de la dinámica de centralización, dejan muy poco margen para pensar que un proyecto soberanista pueda sustanciarse en la relectura del actual marco jurídico político.
ELA considera, por ello, inviable para la resolución del contencioso vasco la estrategia orientada a la regeneración del Estatuto, y sitúa el objetivo de su lucha en la conquista del derecho de autodeterminación, como hace la Declaración de Lizarra-Garazi: "que se deposite en los ciudadanos de Euskal Herria la última palabra respecto de la conformación de su futuro". No es una vía fácil ni cómoda, pero es, en opinión de ELA, la única alternativa realista al actual círculo vicioso en el que el estado tiene siempre la última palabra.
El Estado español muestra evidentes signos de preocupación ante la extensión, en la sociedad vasca, de la voluntad de decidir lo que quiere ser. Niega, por un lado, legitimidad a ideas defendidas por buena parte de la ciudadanía, lo que supone negar el pluralismo político consustancial a un sistema democrático. Por otro lado, el sistema de poder español desfigura lo que no es sino un derecho democrático, y lo vincula con mensajes catastrofistas, falsos y fuera de contexto (exclusión, ruptura social, aislamiento, ruina económica...). Estos mensajes reflejan mucho más el temor de un estado autoritario a la normalidad democrática que las opciones reales de un soberanismo cuyo éxito pasa por la integración y la participación, en un proyecto común, de la realidad plural y compleja que constituye Euskal Herria.
El derecho de autodeterminación, es preciso insistir en ello, supone la aplicación de la democracia a los conflictos nacionales. Frente a las estrategias de militarización, opresión y coacción, tan habituales en estos conflictos -el de Euskal Herria no es una excepción-, el derecho de autodeterminación pone en manos de la ciudadanía la decisión sobre su estatus político.
Ahora bien, situar la clave de la resolución del conflicto vasco en el respeto de la voluntad de la ciudadanía es una decisión que conlleva consecuencias importantes. Implica un compromiso democrático con los hombres y mujeres de Euskal Herria, señala la conquista de la voluntad de esos hombres y mujeres como objetivo de la estrategia soberanista, y exige la implicación activa de la sociedad en la lucha por el reconocimiento de su derecho de autodeterminación.
Los obstáculos son tan importantes que sólo la propia sociedad vasca puede superarlos. Es necesario, por ello, ir tejiendo una tupida red social de compromiso con la autodeterminación. El proceso requiere, por otra parte, que se cambie el modelo de gestión política de importantes instituciones actualmente gobernadas por fuerzas soberanistas, y se empiece a promover una mayor participación política de la ciudadanía, que no se limite a las meras consultas electorales. En este sentido, la gestión oscurantista y elitista de la negociación y el acuerdo sobre la renovación del Concierto Económico constituye, a nuestro entender, un ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas. Sólo una sociedad informada, concienciada y movilizada puede dotar a las instituciones de la legitimidad y la fuerza precisas para la dura confrontación política que va a exigir el reconocimiento del derecho de autodeterminación.
El respeto de la voluntad de la ciudadanía es un principio democrático cuya aplicación no puede dejarse sólo para cuando el derecho de autodeterminación haya sido reconocido, sino que debe regir también durante el proceso de conquista de tal derecho. No es admisible, por ello, que, en nombre del derecho de la sociedad vasca a decidir, se asesine, se amenace o se cometan otros actos que esta sociedad reprueba. Por principio democrático y por praxis política, la estrategia de la convicción debe imponerse a la estrategia de la coacción, que no sólo ataca los derechos de las personas, la convivencia ciudadana y la libre expresión política, sino que retrae voluntades, resta fuerzas y arruina alianzas que son necesarias en la lucha por la conquista del derecho de autodeterminación y el desarrollo de un proyecto soberanista.
La tarea es ingente; las alianzas, necesarias. ELA busca, por ello, la colaboración de cuantas fuerzas democráticas muestren su compromiso con el derecho del pueblo vasco a decidir su futuro, y acepten las vías políticas como único medio de intervención.
POSICIÓN DE ELAAnte el Aberri Eguna de 2002, que celebramos, como tantas otras veces, en un contexto difícil, ELA:
- Ratifica la validez de los principios de la Declaración de Lizarra-Garazi y reclama que se dé lugar a las vías de diálogo y negociación para la resolución del conflicto vasco.
- Reitera a ETA la exigencia de que cese en su estrategia de violencia, mediante la que va extendiendo el terror a sectores cada vez más amplios de nuestra sociedad.
- Exige a los poderes del estado que reconozcan el carácter político del conflicto vasco y aborden su resolución política por vías democráticas. Como reclamábamos en nuestra declaración de Aberri Eguna de hace un año, Euskal Herria tiene derecho a una solución democrática.
- Llama la atención sobre las dinámicas de ilegalización de grupos políticos y sociales, así como sobre la extensión de otras prácticas represivas que vulneran libertades y derechos fundamentales, así como sobre el mantenimiento de una política penitenciaria marcada por la dispersión. En particular, denuncia la cobertura que los poderes públicos prestan a la práctica de malos tratos y torturas con las personas detenidas bajo la legislación antiterrorista.
- Renueva el compromiso abertzale y de clase que da sentido a su proyecto sindical, y convoca a sus afiliados y afiliadas, y al mundo del trabajo en general, a la tarea de construir una Euskal Herria libre, justa y solidaria.
Por último, ELA anima a sus afiliadas y afiliados a participar en los diversos actos políticos que se organicen en torno al Aberri Eguna.
Gora Euskal Herria askatuta!
21 de marzo de 2002
EL COMITÉ NACIONAL
"AUTODETERMINACION, UNICA OPCION REAL"
German Kortabarria analiza el contexto político actual ante el Aberri Eguna¿En qué contexto se celebra este Aberri Eguna?
Vivimos una situación muy complicada. La ofensiva del estado español en todos los frentes es constante y en aumento. En el tema competencial se promulgan leyes que refuerzan el poder del estado en distintos campos, se imponen criterios que vacían competencias y cercenan desarrollos futuros, saltándose incluso sus propias leyes, como en el caso de Hobetuz, se imponen renuncias políticas como condición de un acuerdo sobre el Concierto Económico...
Está, también, la tremenda ofensiva política e ideológica, que niega legitimidad a una voluntad de soberanía que comparten cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas en Euskal Herria, que identifica democracia con el régimen establecido. España tiene un serio problema de identidad nacional, que viene de viejo, y sigue intentando resolverlo mediante la afirmación de esa identidad frente a las otras naciones que existen dentro del estado y, de forma destacada, frente al nacionalismo vasco. Ahora andan con lo del patriotismo constitucional; basta echar un vistazo a lo que sobre el tema han dicho en el Congreso del PP para ver que no es más que rancio españolismo entre retórica vacía. Y mientras tanto, con algunos ajustes, se sigue con la estrategia previa a las elecciones del 13?M: descalificación y ahogo de las fuerzas no alineadas con la línea impuesta por el PP y tratamiento de la cuestión vasca en clave antiterrorista, extendiendo la represión en círculos concéntricos en una aplicación extensiva de normas que, por su propia naturaleza, deben aplicarse restrictivamente. Es, ciertamente, un escenario difícil para quienes afirmamos y defendemos la existencia de la nación vasca y el derecho de los hombres y mujeres de esta nación a decidir libremente su futuro.
Estrategia de coacción. La continuidad de ETA no ayuda precisamente a mejorar las cosas.
El que se mantenga la estrategia de la coacción, los atentados, la amenaza que pende sobre tantas personas por el mero hecho de militar en un partido político, contituye una barbaridad desde el punto de vista humano, social y político. Hoy se están produciendo atentados que en un tiempo no tan lejano mucha gente en este país hubiera atribuido a la negra mano de servicios parapoliciales. Todo esto le viene como anillo al dedo a la ofensiva del estado, ya que crea las mejores condiciones para descalificar el conjunto de los planteamientos soberanistas, extender impunemente la represión y fijar a una parte importante del movimiento abertzale en el rincón antirepresivo. El resultado es un clima políticamente irrespirable, en el que es muy difícil poner sobre la mesa los debates políticos.
El mensaje del estado es muy claro: no hay opción para el soberanismo. En este contexto, ¿qué opciones tienen las fuerzas abertzales?
En este contexto tan hostil existe un peligro real de dualismo político: declaraciones soberanistas, por un lado, y práctica de administración de lo que nos dejan del Estatuto, por otro. El estado se mueve a sus anchas en el conflicto político caracterizado como conflicto competencial entre instituciones, un debate limitado en su contenido, sometido a reglas que le reservan la última palabra y que el estado gestiona de acuerdo con coyunturas y conveniencias políticas. Aunque este dualismo se defiende en nombre del realismo y del pragmatismo, creo que aceptar este escenario es confundir realismo y pragmatismo con comodidad o con ausencia de conflicto. El realismo y el pragmatismo exigen, precisamente, no alimentar ilusiones, y espejismos como el de la regeneración estatutaria cuando precisamente el estado está liquidando el Estatuto, y buscar una estrategia de alianzas políticas y sociales que nos permita salir de este círculo vicioso en el que el estado tiene siempre la última palabra.
¿Por dónde pasa en opinión de ELA la solución?
Cualquier solución pasa por el reconocimiento del derecho de la ciudadanía vasca a decidir su futuro. Eso es el derecho a la autodeterminación, algo que el estado no acepta bajo ningún concepto. La ofensiva contra Lizarra?Garazi y, más recientemente, la histérica reacción ante el pronunciamiento parlamentario de Idaho son muestra de ello. Y, sin embargo, el derecho de autodeterminación no es sino la aplicación de los principios democráticos a los conflictos nacionales, ya que pone en manos de la ciudadanía el derecho a decidir su estatus político.
Un debate totalmente distorsionado por la violencia...
Nosotros pensamos que la clave es la voluntad de la ciudadanía vasca, y esa afirmación tiene consecuencias en todos los órdenes. Creemos, además, que el papel a jugar por la voluntad de la ciudadanía no queda reservado a una fase más avanzada del proceso, cuando se vaya a ejercer el derecho de autodeterminación, sino que el propio proceso de conquista del derecho y los métodos a utilizar no deben apartarse de la voluntad de la ciudadanía.
¿Paz por autodeterminación?
No creo que la pregunta esté bien planteada. La paz es necesaria y seguimos reclamando a ETA que deje las armas y de quienes tienen alguna responsabilidad que hagan todos los esfuerzos para lograrla y que, en vez de fiarlo todo a la represión, se aborden de una vez los imprescindibles procesos de diálogo y negociación.
Ahora bien, poner el reconocimiento del derecho de autodeterminación para el cese de la violencia no ayuda, a mi entender, a fortalecer la dinámica social y política en pro de la autodeterminación sino a debilitarla. La violencia, aunque sea algo muy repetido, sobra y estorba en este proceso.
Desdramatizar el proceso
¿Cuál es la alternativa de ELA?
Ser coherentes con la convicción de que la sociedad, los hombres y mujeres concretos de nuestra concreta Euskal Herria deben ser los motores y la gasolina del proceso soberanista. La estrategia de la convicción requiere trabajar mucho en la sociedad y todas las fuerzas soberanistas nos tenemos que implicar en esta tarea; cada una, lógicamente, en aquellos campos y actividades que le son propias.
Por otra parte, es imprescindible desdramatizar el proceso por la autodeterminación y los planteamientos soberanistas. Esa es precisamente la estrategia del estado: identificar el derecho de autodeterminación o la opción soberanista con aislamiento, con ruptura social, exclusión, ... Todo ello no se corresponde con la realidad, ya que nuestra alternativa hace suya la pluralidad de la sociedad.
Hay dos términos que son caras de una misma moneda: pluralidad y diálogo. Es decir, la pluralidad solo se gestiona con el diálogo, y el diálogo es el reconocimiento de la pluralidad, de que hay otros que pueden pensar, sentir, tener intereses distintos.
Es evidente, también, que la resolución al conflicto debe responder a criterios democráticos: en ese sentido, las minorías no pueden vetar los derechos de las mayorías, pero, al mismo tiempo, uno de los elementos fundamentales de la democracia es que las minorías tengan su reconocimiento y su sitio.
Todos estos elementos configuran el proyecto de sociedad y el proyecto soberanista que desde ELA pretendemos impulsar, buscando, lógicamente, las más amplias alianzas.
Borondateak erakarri behar (Iritzia)