Cuando cuidar enferma
No hablamos de casos aislados, ni de momentos puntuales de sobrecarga. Todo gira entorno a un modelo impulsado por Diputaciones, Ayuntamientos y empresas con ánimo de lucro subcontratadas por las administraciones públicas. Modelo que, de forma sistemática, empuja a las trabajadoras a enfermar. Porque cuando una persona tiene que atender a un número elevado de personas dependientes en poco tiempo, no sólo afecta a la calidad del cuidado, sino que tiene un impacto directo en el cuerpo y en la mente.
Agotamiento, dolor físico crónico, ansiedad, estrés e insomnio. Esa es la realidad cotidiana en muchos centros de trabajo. Las bajas médicas, cuando llegan, suelen hacerlo tarde o no se cubren, lo que agrava aún más la carga sobre el resto del equipo. Es lo habitual en un sector donde sostener el ritmo implica, muchas veces, romperse. Y, sin embargo, instituciones, patronales y empresas no asumen sus responsabilidades.
Durante años han intentado presentar esta realidad como algo inherente al trabajo de cuidados, un “peaje” vocacional en una tarea esencial para sostener la vida. El problema no es el trabajo, sino cómo está organizado.
Con la excusa de la ratio, esconden las carencias del sistema: descansos insuficientes, sobrecargas de trabajo, altos ritmos de trabajo y situaciones de total vulnerabilidad en momentos como la noche, donde la falta de personal se hace aún más evidente.
Hablan de cuidados, pero defienden un modelo que recorta plantillas, que externaliza servicios y que no garantiza ni cuidados dignos ni condiciones laborales seguras. Mientras tanto, cada vez más trabajadoras llegan al límite. Cada vez más profesionales abandonan el sector. Cada vez más bajas médicas evidencian lo que durante años se ha querido normalizar: que este sistema funciona a costa de la salud de quienes lo sostienen.
El Día de la Salud Laboral no debería quedarse en campañas y declaraciones. Hace falta que quienes diseñan las políticas públicas de cuidados, junto a aquellas empresas subcontratadas con dinero público para su gestión asuman sus responsabilidades. Hace falta reconocer que el actual modelo de residencias es insuficiente y pernicioso.
Reforzar plantillas, reducir las cargas de trabajo, asegurar tiempos de descanso adecuados con medidas que se repiten en las evaluaciones de los riesgos psicosociales pero que sin embargo, siguen pendientes de aplicación.
Porque no hay cuidados de calidad si quienes cuidan están al límite.
Porque no se puede normalizar el desgaste.
Porque proteger la salud laboral en este sector es una urgencia. Cuidar bien exige condiciones que lo hagan posible.